Misterios

Los jaliscienses ya perdieron el asombro por los misterios. Nada les sorprende, pocas cosas les representan una verdadera interrogante que no sea resuelta en una charla de café.

Lo imposible se hace en tres días, suelen decir, seguros de que su sobrevivencia por estas tierras les permite afirmar con total aplomo y hasta con modorra: “ya lo hemos visto todo, aquí nadie viene a asustarnos con el tapete del muerto”.

Eso era cuando los muertos usaban tapete, después desapareció la tradición de enterrar a los muertos enrollados y la amenaza del susto se extinguió.

Luego se experimentó con la expresión “a mí no me asustas ni con el informe del gobernador”, haciendo con los dedos sus protectores changuitos, no fuera a ser que el otro revirara con un “pues entonces vas en mi representación y te presentas trajeado”.

Quienes viven fuera del estado comienzan a pensar en si a los jaliscienses no los estarán preparando para la próxima colonización del planeta Marte, anunciada para el 2024, si dios nos da licencia.

Como dijimos, ellos ya lo han visto todo, han vivido de todo y han salido indemnes. Especialmente los que viven, es un decir, en su pomposamente llamada Zona Metropolitana, un inmenso amontonadero de criaturas mutantes, heces y cemento que crece día a día amenazando con engullir, convirtiendo en “la Perla de Occidente”, a todo el planeta.

Salvo para ellos, su cotidianidad es extraña. Por ejemplo, un día, un individuo conducía una camionetota blindada como a las tres o cuatro de la mañana cuando tuvo un accidente de tránsito: su camionetota golpeó a otro automóvil.

Este señor, a quien  sus coterráneos ubicaron como “el jefe de guaruras del gobernador” iba, lo que los tapatíos de cepa llaman “levemente pedo”.

Después de las científicas pruebas periciales surgió la verdad histórica: el señor manejaba como lord inglés, es decir, desde el lado derecho del vehículo y a su sangre le sobraba té y le faltaba alcohol.

La mujer que viajaba a su lado apareció, sin estar conduciendo, al frente del volante. Quienes presenciaron este acto, juran que la oyeron decir “¡taraaaaan!”.

¿Algún misterio? No, solamente para aquellos aún no iniciados en la cotidianidad de la vida tapatía, en donde la realidad solo existe a través de la percepción de sus habitantes, la cual oficialmente está equivocada.

Porque en esta realidad, los únicos incapaces de equivocarse, por disposición genética son los políticos, máximo ejemplo a seguir por los mutantes y futuros colonizadores de otros planetas.

Los tapatíos serán marcianos.

roberto.castelan.rueda@gmail.com