Michoacana

Para que no se diga que el gobierno de Jalisco no trabaja y no gasta bien los impuestos del ciudadano, el mismísimo gober en persona, y esta vez a plena luz del día, no de noche como cuando de aumentar el precio del transporte se trata, dio a conocer una inteligente estrategia para eliminar de una vez por todas a la familia michoacana desde el virginal y puro Estado de Jalisco.

Para el éxito de esta operación, vital para los intereses de los jaliscienses y sus familias, todos los ciudadanos estarán obligados a colaborar con las autoridades en la detección y clasificación de todo michoacano que se atreva a cruzar las fronteras de nuestro estado.

Como usted sabe, en Jalisco solo son bienvenidas las gentes de bien, como usted, o como el gober y su gabinete, o como los concesionarios del transporte público, o como los diputados y regidores, o como los presidentes municipales, o como los policías siempre al servicio de las mejores causas. Entiéndase, pura gente de bien, incapaces de hacerle daño a los ciudadanos jaliscienses.

Ahora usted se preguntará cómo contribuir a este noble propósito y poder detectar primero a una familia michoacana y segundo, garantizar que sean familias de bien. Nada más fácil. Fíjese en las placas del auto, si traen dibujaditas unas mariposas monarcas, ya la cosa pinta mal. Luego revise la cajuela y detecte si trae aguacates o una hielera llena de paletas y helados.

Esa es la primera evidencia física, constatable. Ante ella, no se ponga nervioso y avise inmediatamente a los miembros de su “comité de vecinos por la pureza del estado”, los cuales le ayudarán a interrogar a los supuestos aguacateros o paleteros michoacanos.

Sea enérgico y suspicaz con sus preguntas. Recuerde que esas personas, aunque se parezcan a usted o a algún miembro de su familia,  solo buscan contaminar a nuestro estado con la violencia que impera en el suyo.

Algunos hasta parecen bautizados, le hablarán con voz bajita, humilde y su mirada se hará esquiva, siempre con los ojos fijos en el suelo. Cuidado. No se confíe. Acuérdese de los hondureños y los guatemaltecos que lo acechan alrededor de las vías del ferrocarril.

¿Verdad que es la misma mirada traicionera, capaz de ablandarle el corazón para después darle una puñalada trapera? Qué bueno que ya está comprendiendo la noble preocupación que las autoridades del estado tienen por su bien y el de su familia.

Nadie sabe qué puede esconderse tras una paleta de la michoacana.