Memoria

Normalmente las vacaciones son propicias para  el recuerdo. El descanso, la desaceleración de esa cotidianidad frenética llena de trabajos para los que nos creemos imprescindibles, de eternas y desesperantes aventuras automotrices, de carreras y neurosis acumulada, nos proporciona un tiempo de paz para el recuerdo.

En las vacaciones suelen venir familiares o amistades poco frecuentadas en los días normales. En las reuniones con ellos es fácil que, frente a la pregunta ¿y qué pasó con…?, o ¿qué me dices de…?, la memoria se active y en poco tiempo, las horas de ocio se vean llenadas por imágenes de tiempos pasados, muchos de los cuales se daban por perdidos.

Esto es más común cuando las reuniones son entre personas de cabellos encanecidos, visibles arrugas y constantes idas al baño. Los cincuentaitantoañeros creen tener la memoria fresca y a la menor provocación sueltan una verborrea interminable desbordante de recuerdos.

Algunos, para ahorrarse las infaltables imprecisiones, prefieren escribir sus memorias, antes de que las telarañas mentales empiecen a hacer lo suyo.

Tal es el caso de Alfredo Sánchez Gutiérrez, quien decidió publicar el libro **De memoria, crónicas,  bajo el sello de Rayuela, diseño editorial, a cargo de Avelino Sordo, uno de los protagonistas consentidos del libro.

Estas crónicas intentan recuperar la memoria cultural de una parte de la ciudad de Guadalajara, cuando ésta era un poco más transitable y los jóvenes, con un poco de esfuerzo, podían ver cristalizados sus sueños y proyectos culturales.

Amenas, las memorias de Alfredo, nos llevan de la mano por varias aventuras juveniles que poco a poco le fueron dando un rostro cultural, en cierta medida menos conservador, a la católica ciudad que las albergaba.

Las historias, concentradas en la parte “chic” de la ciudad, es decir, en los alrededores de la avenida Chapultepec, antes Lafayette, cuentan, a través de la visión de un entonces joven Alfredo, el crecimiento de personalidades y lugares a través de los cuales Guadalajara logró insertarse en los diversos movimientos culturales y artísticos del país.

Grupos de rock, de teatro, instituciones culturales como el Instituto Goethe, el Instituto Anglo-Mexicano, la Alianza Francesa, galerías particulares que aparecían y desaparecían, revistas de plástica y literarias, fueron espacios en donde cientos de jóvenes iniciaron o consolidaron sus pasos en la aventura del arte tapatío.

Los setentas y los ochentas, vieron nacer diversas manifestaciones artísticas algunas de las cuales se  alargaron y aún se expresan en las postrimerías del 2014.

Es tiempo de recordar, asómese y disfrute de estas ya lejanas memorias tapatías.