Matrimonio

Quién sabe de dónde les salió tanto interés por matrimoniarse. Ni saben en la que se meten. Ir y firmar un papel que autoriza al estado a meter las narices en tu vida privada, como que no es negocio. Firmar un contrato mercantil cuyo desenlace suele enriquecer más a un abogado, no es divertido. Pero como dice el dicho, nadie experimenta en cabeza ajena. Mucho menos si esa cabeza es demasiado ajena.

Si los normales le padecemos con eso comúnmente llamado  “las mieles del matrimonio”, imagínate ellos. Si los moralmente aptos para unir nuestras vidas nos las vemos negras, no quiero saber cómo se las ven ellos. Bueno, mejor ni pensar en cómo se la ven, muy su asunto. Hay quien dice que no se deben casar porque cuando tienen sexo no se ven a la cara. Sabrá dios y gusto suyo, pero eso del matrimonio debería de estar prohibido para todos, no solamente para los disléxicos.

Los problemas siempre serán los mismos para los que siguen las reglas de la naturaleza como para los que se las brincan. Para quienes tienen temor de dios o para quienes lo desafían con sus perversiones ajenas al desarrollo natural de las cosas.

Pongamos como ejemplo a una hipotética pareja: a uno llamémosle el Johny y al otro el Emy, ya ven cómo les gustan ese tipo de nombres.

El Johny es un hombre mayor, muy serio, muy recto, poco sonriente, siempre impecablemente vestido con trajes negros y cuello blanco. En ocasiones se pone una gran corona multicolor y una capa que combina. Pero hasta ahí. El Johny es un hombre de poder. En un lenguaje vulgar, no muy común en este espacio, se dice que tiene a muchos políticos “agarrados de los tanates”.

El Emy en cambio es muy juguetón. Jovial, alegre y dicharachero. Nunca anda bien vestido y prefiere disfrazarse de acuerdo a la ocasión. No, no es una loca, solamente le gusta el disfraz: policía, bombero, futbolista de las chivas, lo que sea, con tal de atraer las miradas. El Emy tiene un pequeño vicio: le gusta el alcohol y los hombres de poder. Por ambos suele perder la cabeza.

¿Podría subsistir el matrimonio entre un hombre serio y recto y un hombre dicharachero y medio pedo? Sin duda, tal como sucede en el mundo de los normales uno y otro perderán su tiempo tratando de cambiar a su pareja tomándose a ellos mismos como ejemplo de vida.

Déjenlos que se casen.

Para que aprendan.

roberto.castelan.rueda@gmail.com