Lágrimas

Con el unánime grito de “¡todos somos lagrimita!”, los precandidatos a algo de todos los partidos en precampaña para algo, salieron a las calles a mostrar sus actividades de saltimbanquis, lanza llamas, encantadores de serpientes, movedores de ombligo, pega calcas, saludadores de crucero y otras monerías, a los aterrados ciudadanos jaliscienses.

Una vez más, los sufridos y dóciles habitantes de las ciudades, pueblos mágicos y rancherías vieron con lágrimas en los ojos, desfilar un enorme despliegue de despilfarro de recursos, el cual presagia varios días de terror callejero y mediático.

Los números y los personajes siempre son los mismos: el doctor precandidato risueño hace un ruido de sirena mientras metido en una ambulancia de cartón suena fuertemente sus zapatones contra el piso y simula ir a toda velocidad a atender una urgencia. Imposible evitar la comparación con Rafita, el simpático personaje de los Simpson.

El pelón, frente a la mirada atónita de los automovilistas que hacen cola detrás de él, intenta un movimiento que parece imposible: pegar una calcomanía en el vidrio trasero de un vehículo sin llegar a romperlo con la enorme panza. La gira hacia un lado, la gira hacia el otro, llega un ayudante, carga con el vientre y ¡ya está!, misión cumplida. Solo faltan otras dos mil calcas para esa tarde.

No muy lejos de ahí, el  precandidato en precampaña que tiene barba, se dispone a interpretar un baile, acompañado por un grupo de jovencitos quienes para no hacer quedar mal a su jefe, deben realizar torpes movimientos mientras él se lanza eufórico con una versión adaptada para crucero del baile del serrucho, hecho famoso por el gordo del supermercado.  ¡Se arranca! ¡Y no lo hace tan mal! Quema calorías y gana votos. Toda una ganga.

Al mismo tiempo, mientras los pre realizan sus difíciles actos, por la radio y la televisión suenan sus voces y las de los representantes de sus partidos, todas ofreciendo a los ciudadanos el reino de dios en la tierra.

Y vaya que ellos sí cumplen, son confiables, han luchado durante años contra el mal gobierno y hasta sus hijos los conocen, lo cual ya es mucho decir en esta época de paternidad irresponsable.

Por fortuna, los precandidatos de las precampañas dirigen sus arriesgados actos de crucero y sus importantes mensajes radiofónicos y televisivos únicamente a los militantes, simpatizantes, afiliados y porristas de sus partidos políticos. Recordemos que la ley les prohíbe realizar campañas abiertas y escandalosas.

Por cierto, entre los pre, también hay un payaso. 

roberto.castelan.rueda@gmail.com