José Emilio Pacheco y La Sulamita

José Emilio Pacheco es un maestro de la síntesis. De la transmisión de la sabiduría por medio de la frase exacta, precisa, compacta. Tal vez de ahí le viene su amor por el haikú, esa forma poética breve, risueña, a veces esquiva pero también penetrante, reflexiva, profunda. Suave como la palabra que enamora.

Por su estilo, por lo delgado de sus libros, da la impresión que no escribió mucho. No tanto como leyó. Pero sí escribió mucho, con pocas palabras. En sus frases no buscó la síntesis sino la reflexión que exige paciencia. Escribió versículos enigmáticos para ser leídos y releídos con el cuidado y la precisión de un cirujano, entre cierta quietud, una sonrisa y quizás algo de silencio.

José Emilio Pacheco habló de muchas cosas y empleó pocas palabras. Las cuatro o cinco sencillas cuartillas de su columna Inventario, esa absorbente piel cotidiana de papel, son profundos ensayos cuya versión académica requeriría de cientos de hojas e incontables notas al pie de página.

Pero ahí esta todo. Basta una revisión a su obra periodística, ensayística, para asomarse y tener acceso a los vericuetos culturales de todo el mundo, encontrar una explicación sencilla, sin mas pretensión que el saber, conocer el por qué de las cosas humanas, el origen y el extraño destino de la palabra, de la metáfora.

De la pluma de José Emilio Pacheco, los seres humanos se convirtieron en personajes de una novela interminable pero con cierta trama oculta cuyo autor descifra poco a poco en cada uno de sus textos hasta darle un nuevo y misterioso giro a la historia. Así hasta el límite de los tiempos. Si es que este existe.

Con esa sencillez expresada en palabras, José Emilio Pacheco escribió una aproximación, es decir, una nota introductoria que no es una nota introductoria sino una reflexión sencilla y profunda a la vez, de El Cantar de los Cantares, esa enigmática obra amorosa, erótica, cuyo misterioso e indescifrable transitar por la mitología y la historia la llevó a incrustarse en las historias bíblicas.

“No existe un texto más misterioso ni más fecundo en las lenguas europeas”, dice José Emilio Pacheco cuando se acerca, en sigilo, al ahora texto bíblico, para tratar de explicar, de explicarse por qué el erotismo de cada uno de sus versos, lo llevaron a ser uno de los escritos mas leídos, mas cantados, mas susurrados de la Biblia.

En primer lugar, El Cantar de los Cantares vuelve absurda la idea de que existen el “autor” de un texto y las tradiciones nacionales”, al ser  un texto sin autor, se convierte en una apropiación como toda la poesía, la cual, a semejanza de la cocina, “es una serie infinita de apropiaciones e intercambios. Nada es de nadie porque todo es de todos. Un poema pertenece a quien tenga la voluntad de hacerlo suyo.”

Por eso, el erotismo que brota en cada uno de los poros de “la Sulamita que bien puede ser La Sunamita (con “ene” y no con “ele”), la muchacha más bella de Israel, escogida para alejar el frío de la muerte en el lecho donde agonizaba el rey David”, es un erotismo presente en toda mujer amada, esa mujer casi mítica, solo alcanzable con el ímpetu de la pasión.

El texto que José Emilio Pacheco elabora para aproximarse a la piel oscura, bella como la Luna, comparable a la yegua del faraón, es un brevísimo recorrido en prosa por el pensamiento, la palabra, el amor y las infinitas formas de expresarlo en el tiempo siempre misterioso de la historia del hombre.

“Para hacer esta versión hubo un saqueo de todas las versiones disponibles en todos los idiomas al alcance por cualquier medio”. Sólo todas las versiones, sólo todos los idiomas, pueden lograr una aproximación sutil, reflexiva, ligera, profunda, al enorme misterio del amor y del erotismo.

Sólo José Emilio Pacheco pudo aproximarse de esta forma a la Sulamita “antes que llegue la brisa y desciendan las sombras”.

El Cantar de los Cantares
Una aproximación de José Emilio Pacheco
El Colegio Nacional-Biblioteca Era
México 2009