Indignante

Cuando por vez primera los jaliscienses nos disponíamos a disfrutar de la protección otorgada por una Gran Fuerza Única e Infalible, llegan los opositodos a tratar de desmontar esa gran confianza que se venía construyendo entre los ciudadanos y sus protectores.

Es indignante ver cómo un gran esfuerzo encaminado a lograr el bienestar de los jaliscienses se puede venir abajo por la mala leche y oscuros intereses de quienes critican a nuestros heroicos muchachones.

Esos ciudadanos que se quejan de cualquier acción de nuestros aguerridos defensores sin duda son pagados por el crimen organizado y desorganizado también. O cuando menos, resultan sospechosos de conducta inapropiada contra el honesto actuar de las fuerzas del orden. Mira qué casualidad que de cualquier pequeña falla hagan un fenomenal escándalo.

Por ejemplo, cuando secuestran y asesinan a un diputado federal, nos reclaman como si nosotros fuéramos los encargados de estar todo el día sentadotes frente a las cámaras de vigilancia. De eso, la culpa la tienen las autoridades de Tlaquepaque. Además nosotros estábamos festejando nuestro nombramiento de la mejor policía del mundo.

Ustedes deben entender que nadie nace sabiendo. Hay que practicar, observar, echar a perder. Mire, si hay secuestros y asesinatos de regidores, alcaldes y ex alcaldes, pues uno no tiene la culpa. Nosotros estamos aprendiendo, de cada caso vemos como es el modus operandi de quienes cometen los crímenes y así. Además, de eso tienen la culpa las policías municipales.

Luego que si andamos extorsionando ciudadanos. Pues sí, pero nomás tantito. Uno tiene que ponerse en el lugar del delincuente para saber cómo piensa, cómo actúa. Y esos son chismes, nomás para desprestigiarnos.

También dicen que en los pueblos nos madriamos en bola a los jóvenes de las colonias y les bajamos la lana. Insisto, uno requiere entrenarse en tiempo y situaciones reales, para cuando esos pandilleros se conviertan en un verdadero peligro, entonces ya le entramos con conocimiento de causa.

Y que saqueamos un rancho allá por la costa y agarramos parejo con todos los trabajadores. Pues uno no tiene la culpa que todo el mundo parezca narco. Así que por si sí o por si no, ‘ámonos en caliente.

Hasta nos culpan de lo sucedido en el mercado de San Juan de Dios. Ahí estábamos esperando que nos hablaran y nadie requirió de nuestros servicios. Aquí somos todo, menos adivinos. Y además, de eso tiene la culpa la policía de Guadalajara.

Nosotros por su seguridad, aplicamos el derecho de la fuerza, no la fuerza del derecho. 

roberto.castelan.rueda@gmail.com