Honorables

Usted no dudaría de la honorabilidad de una persona responsable de la Auditoría Superior del Gobierno del Estado ¿verdad?

Imposible pensar que alguien encargado de vigilar el buen uso de los dineros públicos sea una persona capaz de utilizar tan importante puesto público para hacer  negocios personales, o familiares, o arreglarle las cuentas a sus amigos.

Como en la vieja película de Elio Pietri titulada, casualmente, Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, una persona con tan alta investidura,  se convierte, automáticamente en alguien libre de toda sospecha, un ser inmaculado, totalmente ajeno a la fuerte tentación de los placeres que el dinero, producto de la corrupción, proporciona.

Imposible. Ningún gobierno, ningún sistema político podría sobrevivir si quienes vigilan el buen uso de sus recursos no fueran honorables seres humanos, incapaces de traicionar la confianza de sus ciudadanos.

Es el mismo caso de los diputados. Bajo ninguna circunstancia, los miembros de esa honorable institución que es el Congreso del Estado, realizarían actos que dañaran el patrimonio de los ciudadanos que los eligieron.

Tampoco aprobarían con ligereza, como si fuera un simple trámite burocrático, las observaciones que sobre la cuenta pública envía otra instancia de honorabilidad a toda prueba, como lo es la Auditoría Superior.

Con filtros así, con el celo profesional que unos y otros muestran por hacer bien el delicado trabajo que la ciudadanía les tiene encomendado, es imposible que se den actos de corrupción en el Estado de Jalisco.

De plano, sólo mentes muy retorcidas, muy enfermizas, con una constante inclinación por ver complots o mafiosos asociados por todos lados, podrían imaginar que entre estas honorables instituciones se tejieran acuerdos de corrupción que pudieran dañar la imagen de nuestro Estado.

Imagínese hasta dónde llega la perversidad de esas mentes que ya andan diciendo que tanto el Auditor, así, con mayúscula, como el Congreso del Estado, le limpiaron la cuenta pública al pasado gobernador del Estado.

Eso se llama, con todas sus letras, querer enlodar a las tres instituciones más honorables con las que puede contar el Estado.

La pulcritud en el manejo de las finanzas del anterior gobernador de Jalisco, no puede ser puesta en duda por nadie, menos ahora que ya nuestras principales instituciones dejaron en claro que mientras él gobernó, el dinero de los ciudadanos jaliscienses, fue manejado con total limpieza y transparencia.

Que se emborrachaba y mentaba madres, eso es otra cosa. Pero su honorabilidad en el manejo de los recursos públicos no puede ser puesta en duda.

Nomás faltaba. 

roberto.castelan.rueda@gmail.com