Gordito

Por favor, que alguien le diga al gordito que despacha en el salón comedor de la Secretaría de Cultura Jalisco, que ya deje de andar apoyando a sus candidatos preferidos por todo el Estado y se ponga a atender los problemas de las escuelas a su cargo.

Díganle que en esas giras llenas de apapachos, tequilas, alentadoras promesas, bandas, mariachis, chicharrón, birria, frijoles charros refritos con grasa, no son buenas para la salud y mientras tanto, los problemas relacionados con las violaciones a los derechos humanos en las escuelas se siguen acumulando.

Oiga señor, aquí vivimos en un país de leyes y nadie le da derecho de llamar gordito al gordito porque además se trata de un acto de exclusión y eso no está permitido. Usted debe respetar la decisión del otro de hacer con su cuerpo lo que quiera.

Ah no, de ninguna manera. Mire usted, mis hijos van a la secundaria y a veces ese gordito llega y qué cree: asusta a los niños. Mire, nosotros, y hablo a nombre de la mayoría de los padres y madres de familia de nuestra escuela, respetamos su derecho y decisión, cada quien. Pero piense en nuestros hijos. Ellos están en una edad en donde se confunden muy fácilmente. Imagínese que lo ven, además es jefe, el chiqueado del mero mero, entonces van a creer que ese es el camino para llegar a ser alguien, se pondrán a comer desaforadamente y de la noche a la mañana, estaremos padeciendo la peor crisis de sobrepeso de la historia.

Además, cuando viene aquí, le da por usar el baño. Imagínese el enorme **shok para nuestros hijos. Honestamente dígame si usted mantendría a sus hijos en una escuela expuesta a esta clase de desfiguros. Mire, no estamos en contra de nadie, pero piense en nuestros hijos.

De acuerdo señor, el gordito tiene derecho a ser gordito, pero yo como autoridad tengo que mediar en este problema y convocar a las partes a una mesa de diálogo para ver qué hacemos con el gordito, quien, aunque esté en su derecho, debe de dar la cara y explicar sus razones frente a ustedes, preocupados padres de familia.

Para empezar, los padres de familia que no quieran que el señor ejerza su puesto, tienen derecho a cambiarse de secretaría de educación.

Aunque existan protocolos internacionales que protegen a los que buscan engordar su cuerpo, díganle al gordito que así no se presente a trabajar.

La escuela cumple con su función de educar.

 

roberto.castelan.rueda@gmail.com