Glosa

El estado de Jalisco está convirtiéndose en el espacio más aburrido de la República Mexicana. Un lugar en donde no pasa nada.

Glosa mucho que la vida es corta. Bueno, en realidad se trata de buscarle un sentido más útil al término, porque desde que cayó en manos de los políticos locales, la palabra se convirtió en sinónimo de aburrimiento solemnemente pedante.

Y la solemnidad cuya segunda definición es “morirse de público aburrimiento” es uno de los disfraces más peligrosos creados por el ser humano, sobre todo si se le agrega la actitud de “estamos haciendo tan bien las cosas que hasta nos damos el lujo de convivir tantito con ustedes”.

A decir verdad, el Estado de Jalisco está convirtiéndose en el espacio más aburrido de la República Mexicana. Un lugar en donde no pasa nada y sus habitantes ni siquiera pueden darse el lujo, durante el desayuno o la cena, de chismear sobre la ineficiencia de sus políticos.

Y es que son muy eficientes. Tan eficientes que tienen todo bajo control. Todo les sale bien. En nada se equivocan. Cuando alguien quiere reclamarles o reprocharles algo, en menos de lo que canta un gallo modorro, ellos ya vienen de regreso con la respuesta. Y para colmo, la respuesta siempre es la correcta.

Aquí no se puede hablar de alerta de género porque en el estado solo hay una que otra muertita. Y vaya usted a saber cuántas de esas se lo merecían. Para que se active la alerta de género, es necesario un montoncito mayor de muertas, así el desprestigio en el que caería el Estado por ese hecho, no sería tan grave. La despeinada debe valer la pena.

Tampoco les puedes decir que discriminan, excluyen y segregan a los transgéneros, transexuales, trasvestis, heterosexuales, lesbianas o gays, porque pa’ pronto, en un arranque de cátedra de derecho internacional sobre la niñez, te salen con que están protegiendo, en acuerdo con el artículo tercero párrafo primero de la Convención Sobre los Derechos de los Niños, el “interés superior del niño” con aulas espejo.

Dicho interés, según la eficiente sabiduría burocrática de los jurisconsultos gobernantes, debe garantizar a los menores su libertad de elegir si discriminan o excluyen a los diferentes. No aplica para el caso de secretarios obesos.

La sola referencia al “interés superior del niño” no puede servir de medida idónea para la restricción de un derecho protegido, pero su reiterado “¡quién está pensando en los niños!”, hace creer al público conocedor, que lo gobiernan unos sabios.

Pero algún día harán algo mal. Se equivocarán. Serán humanos.

Y la vida en Jalisco dejará de ser tan aburrida.

roberto.castelan.rueda@gmail.com