Genitales

Se los digo con el corazón en la mano…” es una frase destinada a mostrar al atento y enternecido auditorio, las mejores intenciones de quien la pronuncia, con seguridad una persona sincera, abierta, conocedora del profundo simbolismo que el corazón representa en una cultura como la nuestra.

Por eso, tal vez la persona que cobra como secretario de movilidad en el gobierno de Jalisco se equivocó y agarrándose con fuerza la entrepierna, engolando la voz y con actitud de yo soy quien soy y no me parezco a naiden, alzó su voz a la mitad del foro y dijo: “con los huevos en la mano les digo, yo el pinche torito lo suspendo cuando se me hincha uno y la mitad del otro y lo hago porque así lo digo yo y no hay reglamento, decreto, dictamen o autoridá que venga a decirme lo contrario”.

Y ni modo de alegarle. Ni modo de decirle: “Señor, señor, lo que se le hincha es prestado y si no sucede algo como, por ejemplo, que la persona que le dio su chambita se aburra de sus chistes y lo corra, solo le van a durar hinchados cuatro años más”. No, nadie puede hacer eso, so pena de que se lo lleven al torito por usar palabras obscenas para referirse a un respetable secretario de estado.

Lo mejor en estos casos es estar bien y ser respetuoso con la cultura de los genitales, la cual llegó para quedarse, entre gran pompa y circunstancia como la más sólida y funcional forma de gobierno y nos enseña a entender perfectamente bien las necesidades apremiantes de quienes ostentan altas responsabilidades al servicio de los ciudadanos de a pie.

Ahora que si usted quiere organizar una buena posada, con buena música, gran variedad de bebidas espirituosas, algunos regalitos cortesía de los proveedores y unas toritas guapachosas con trajes fosforescentes, pídale al secretario del ramo que deje de enriquecerse un rato con los aumentos al precio del pasaje, y que por favor, le entorile al torito para que usted se pueda poner tranquilamente hasta las chanclas.

Por la cruda del día siguiente ni se preocupe: ni la va a sentir cuando un chofer también crudo, pero certificado, le cobre una lana más por el mismo pésimo servicio, si así le quiere llamar, de siempre.

Indiscutiblemente México es un país de leyes: entre la Ley del Monte, la Ley de Herodes y A Ley de mis Huevos, la vida del ciudadano transcurre apaciblemente.

A poco no.

roberto.castelan.rueda@gmail.com