Gemelos

O todos los gobiernos son iguales o ya en el camino terminan pareciéndose unos a otros, como hermanos gemelos.

Tal vez lo mejor sería que cuando un gobernador llegara a palacio de gobierno o desde donde se le ocurra despachar, cambiara inmediatamente la silla y el escritorio del anterior con la intención de evitar las malas vibras y malas mañas trasmitidas vía las asentaderas o posaderas del gobernante saliente al entrante.

No estaría por demás y no son tan caras para no provocar un inicial boquete en el erario, una buena fumigada para evitar la propagación de ratas, cucarachas, moscas, mosquitos y gusanos heredados por quien deja el puesto y así dar oportunidad de que se instale la plaga del nuevo, la cual podría aportarle nuevas ideas.

También resulta muy recomendable la contratación de dos personas, traídas especialmente de Tlaquepaque, Tatepozco o San Juan Coamiata, especialistas en limpias espirituales para que dejen el lugar libre de malos pensamientos, espíritus provenientes de los humos del alcohol y cualquier otra mala compañía del más allá y del mas acá también.

Pero de acuerdo con los resultados, ningún gobernador toma esas necesarias precauciones iniciales y termina, como ya se dijo, siendo un fiel reflejo de su antecesor, con quien empieza a compartir ideas y formas de aplicarlas. Por eso todos los gobiernos parecen cortados con la misma tijera.

La causa ahora ya la sabe: falta de precaución al momento de poner las asentaderas en la silla desde la cual se tomarán las decisiones del gobierno.

Los ciudadanos, desconocedores de este oculto mecanismo, piensan que con su valioso voto, al elegir a un personaje perteneciente a un partido distinto al del personaje que sale, estarán provocando los cambios que a su leal saber y entender requiere su estado.

Cuando se da cuenta de que a palacio de gobierno sale un gemelo y entra otro gemelo, ya es demasiado tarde para rectificar y comenzar con las precauciones sugeridas al inicio de este escrito.

Y ya ni modo. Solo le quedará acomodarse en su sillón a ver por la tele, el periódico o su ipad, cómo el actual no termina con la inseguridad, le gusta exhibirse, gasta dinero que no es suyo en su deporte favorito, un equipo de béisbol por ejemplo y, sobre todo, comienza a endeudar más al estado. Sí, claro, aunque al principio, momentos antes de sentarse en la silla, haya dicho lo contrario.

Usted no les vuelva a creer nada.

La magia de la silla los hace iguales.  

 

roberto.castelan.rueda@gmail.com