Feminoide

Como en el Estado vamos muy bien en asuntos de derechos humanos, no perdamos el vuelito y sigamos discriminando, excluyendo y segregando a quienes, sin ser nuestros iguales, se aferran por tener un lugar entre nosotros los normales.

Ya discriminamos al transgénero, quien rechazando su propio nombre, pretendió darle clases a nuestros hijos. Le creamos un salón espejo para que se esté viendo todo el tiempo y asunto resuelto.

Luego, al gordito encargado de la educación de nuestros muchachitos, porque podía convertirse en un muy mal ejemplo para la salud física de nuestros retoños, le adaptamos el salón de los espejos del Palacio de Versalles para que lograra verse de cuerpo entero y evitar así una posible denuncia por discriminación.

Siguiendo con nuestra labor excluyente, pasemos ahora con el Dios del Olimpo de la Información Local, una especie de monstruo de circo en cuyo rostro se vinieron a instalar los cráteres que le faltan a la luna y que noche a noche asusta y confunde a los jovencitos que, por un imperdonable descuido de sus padres, aún están despiertos a la hora del noticiario televisivo.

En efecto, estamos hablando del personaje creador del término “feminoide” aplicable a los transexuales y otras rarezas, los cuales, a pesar de “estar en su derecho”, según las palabras del prepotente “comunicador”, no pueden compartir el mismo universo moral con el eficaz empleado de televisa.

Si usted no ha visto su intervención sobre orientación sexual e identidad de género en su reunión semanal del Olimpo de la Comunicación Local, por favor, no se la pierda.

Ahí, con voz segura de macho inseguro, convierte la sesión en una cátedra con argumentos sostenidos por “todos los psicólogos del mundo” para demostrar, con lujo de detalles cómo nuestros pequeños hijos en la etapa en que se desarrollan, pueden ser confundidos por un feminoide.

En esa misma cátedra, usted podrá aprender, de la mano del eficiente catedrático garapiñín, que “una cosa es lo jurídico y otra lo educativo y lo moral”.

La verdad, el curso de “Cretinismo Ilustrado” cortesía del canal de los barros, no tiene desperdicio. Es una clara muestra de cómo los medios fomentan la exclusión y el odio. 

A quien no podemos discriminar será al pobrecito responsable de los derechos humanos en Jalisco. Si él ve normal la discriminación, la exclusión, el acoso laboral y la segregación que padece Andrea Carolina, sencillamente estamos frente a un caso de innata inocencia. Y a esos no se les discrimina.

Se les cambia el babero. 

roberto.castelan.rueda@gmail.com