Estercolero

Dice un cuate, enemigo jurado de las llamadas redes sociales, que el feisbuk es un inmenso estercolero. Tal vez no le falte razón, pero también depende del color del cristal con que se mira la pantalla de la compu.

“Estercolero: lugar donde se recoge y se amontona el estiércol o la basura; lugar muy sucio o maloliente; persona que recoge estiércol”.

La primera acepción le va muy bien a la más famosa de las redes sociales, sólo habría que agregarle la palabra “también”, o la palabra “además”, para dejar la definición como sigue: “lugar donde también (además) se recoge y amontona el estiércol y la basura”.

Porque sería razonable aceptar que aparte de la mierda y la basura acumulada en sus muros, eventualmente, el gran estercolero virtual también recoge interesantes opiniones, artículos, fotografías y múltiples pensamientos sobre el arte, la literatura, la filosofía y la historia, entre otras cosas.

Pero vayamos al más grande espacio virtual de acumulación de mierda y basura del cual, gracias precisamente a esta virtualidad no se tiene que soportar el olor especificado en su segunda acepción y constatemos cómo en plena “sociedad del conocimiento” y dentro del mayor desarrollo de las llamadas “tecnologías para el aprendizaje”, la mierda sigue haciendo historia.

Por cierto, entre paréntesis, si la palabra “mierda” le asusta, puede leer el interesante libro de Alfredo López Austin sobre el tema, o simplemente, asomarse a algunas páginas de la red social, para constatar que la presencia física a la que hace referencia tan horrible palabra, existe.

Por ejemplo: usted puede disfrutar de un viaje virtual a Dubay, en donde la hijita del casi prófugo ex gobernador de Aguascalientes, ahora conocida como #LadyDubai exhibe su departamento de lujo, con alberca en pleno desierto y las extraordinarias fiestas que gracias a los impuestos que usted paga, y que están a punto de aumentar, puede ofrecerle a sus cuates.

Como lo hizo la simpática hijita del gran líder sindical petrolero, quien muestra sus constantes vuelos en aviones particulares, acompañada de sus adoradas mascotas y una que otra botella de champagne, para cuando le da sed.

Si quiere un ejemplo más local, visite el muro de ese pobre burócrata, ínfimo empleado de la secretaría de economía del gobierno del Estado, quien le presume al mundo, cómo con apenas unos cuantos meses de haber tomado el “poder”, ya puede comerse una enorme y rica langosta, acompañada con una botella de whisky de dos mil pesos.

La mierda sigue su curso en el gran estercolero virtual.