Espectáculo

Sin duda, vivimos inmersos en una civilización (Vargas Llosa), en una sociedad (Guy Debord) del espectáculo. Lo lamentable es que las celebraciones a la irracionalidad de las cuales se nutren estas civilizaciones-sociedades, día con día se vuelven más violentas.

Dijo Mario Vargas Llosa, visiblemente impactado y alarmado después de presenciar el desastre en las tribunas del Estadio Jalisco*: “en nuestros días, los grandes partidos de futbol sirven sobre todo, como los circos romanos, de pretexto y desahogo de lo irracional, de regresión del individuo a la condición de parte de la tribu, de pieza gregaria, en la que, amparado en el anonimato cálido e impersonal de la tribuna, da rienda suelta a sus instintos agresivos de rechazo del otro, de conquista y aniquilación simbólica (y a veces real) del adversario. Las famosas “barras bravas” de ciertos clubes y los estragos que han provocado con sus entreveros homicidas, incendios de tribunas y decenas de víctimas muestra cómo en muchos casos no es la práctica de un deporte lo que imanta a tantos hinchas –casi siempre varones aunque cada vez haya más mujeres que frecuenten los estadios– a las canchas, sino un espectáculo que desencadena en el individuo instintos y pulsiones irracionales que le permiten renunciar a su condición civilizada y conducirse, a lo largo de un partido, como miembro de la horda primitiva”. A una sociedad encerrada en su propia brutalidad, le cuesta mucho trabajo dimensionar lo grave de estos espectáculos violentos y se limita a exhibirlos y celebrarlos,  por medio de la distorsión informativa a través de sus medios de comunicación y en el protagonismo de su clase política.

En el caso ocurrido en el Jalisco, las televisoras no informaron, distorsionaron y los políticos, en la figura del fiscal general, buscaron aprovechar tan lamentable situación, para cobrar viejas rencillas a sus antiguos detractores y para chillar y quejarse del supuesto maltrato de la prensa local. La televisión vende la barbaridad de los iracundos jóvenes, repitiendo una y otra vez imágenes impactantes de policías golpeados, llenos de sangre, acompañadas de estridentes gritos de indignación de los siempre éticos comentaristas televisivos. El fiscal general aprovecha la ocasión para intentar vender una vez más su Frankenstein, la centralización de mandos, acusando de ineficientes a las policías que no están bajo sus órdenes. Agua para su molino, le llaman. *En realidad esto lo escribió Vargas Llosa en septiembre del 2008 y manda decir que él ni de loco vería un encuentro entre los equipos más maletas del futbol mexicano. Textual.

roberto.castelan.rueda@gmail.com