Energía

Para los que no saben nada de ciencia, hay que decirles que un huracán es energía pura. Aquí el tamaño no importa, grande o chiquito, delgadita o gordita, la huracán ¿o el huracán?, no importa, aunque les pongan nombre de mujer, él sigue siendo masculino, macho pues. Aquí la nomenclatura de género tampoco importa. En fin, sea de primera o quinta categoría, se vea desde la estación espacial o desde el pájaro madrugador ¿recuerdan ese satélite tan famoso?, un huracán siempre es peligroso.

Al ser pura energía y ser peligroso sea grande o chiquito, esa energía no puede ser otra que energía "negativa". Esta deducción se obtuvo de manera científica, pero muy simple: si es energía y provoca daño, eso quiere decir que la energía es negativa. Así de simple. Y es precisamente en esa negatividad en donde reside el talón de Aquiles de esos fenómenos de la naturaleza conocidos también como "meteoros".

Entonces, al ser energía negativa, es lógico, científico pues, que tenga su contraparte en la energía positiva, es decir, aquella energía que, como su nombre lo indica "positiva", nos hace sentirnos bien, nos da placer y es la base de la filosofía felizóloga, importante disciplina para lograr la felicidad eterna.

De esa manera, no es muy difícil detener a un huracán lleno de energía negativa que se empeñe en amenazar con destruir nuestra felicidad y nuestro envidiable modo de vida.

Adivinó usted ¿ya ve qué fácil es el conocimiento científico?, efectivamente, la clave es el empleo de energía positiva. Nadie, eso está comprobado, resiste un embate de energía positiva.

Pero, se estará preguntando, ¿cómo se logra emplear la energía positiva en contra de la energía negativa transportada a todo lo que da por un peligroso huracán con nombre de mujer bonita? Pues rezando, hombre. Con fe, con mucha fe. Con cadenas de oraciones. No, no me venga con que esos son remedios religiosos. La energía positiva vía las cadenas de oraciones no es un remedio casero, fanatismo, superchería o creencia antigua.

La energía positiva, por si su ignorancia no le permite saberlo, es un recurso del estado mexicano para combatir, degradar, minimizar o de plano extinguir todo tipo de fenómenos naturales. Si tuviera algo que ver con el fanatismo religioso, la iglesia postridentina también lo habría prohibido como prohibió "sabiamente la misa de los catorce auxiliadores como tales, temiendo el peligro de que la fe pudiera aferrarse a ella como un talismán".

Solo la fe y los perifoneos conjuran el peligro.

Es científico.

roberto.castelan.rueda@gmail.com