Diablo

Dijo el Papa Francisco, uno de los dos señores que viven en el Vaticano, visten de blanco y representan a una de las religiones más concurridas del orbe, que el Diablo: “le pasó la boleta histórica a México”.

Los mexicanos reaccionaron inmediatamente citando a uno de sus más importantes pensadores en estos temas, gran filósofo representante de una de las dinastías de filósofos mexicanos, en constante pugna con la otra conocida corriente filosófica heredera del famosísimo Güemes: “¿y nosotros por qué chin… trolas?”

Hay que recordar, que tratándose de interpelar a tan importante personaje, el uso de palabras altisonantes no está permitido, ni es bien recibido, por eso el uso del “chintrolas”, mexicanismo aceptado hasta por los mismos mexicanos cuando quieren hablar de manera políticamente correcta.

Pero aún antes de la airada y mexicanísima reacción, el Papa ya había avanzado una interpretación, la cual, como él (¿este él irá con mayúsculas como cuando se refiere uno a su jefe inmediato?) humildemente lo reconoció en la misma entrevista, es solo “su interpretación” y consistió en aventurar que el Diablo se encuentra muy enojado, históricamente enojado, por la arraigada devoción católica del pueblo de México y porque aquí la Virgen de Guadalupe vino a mostrar el amor de su hijo.

Luego, sin cambiar de postura en la silla y después de regresar su dedo índice, con el que señaló al enorme cuadro de la Virgen de Guadalupe que acompañó en todo momento la entrevista, a su lugar, dijo que echarle al gobierno la culpa de todos los males, es la respuesta, la salida, más superficial.

Hay gente mal pensada que ya está diciendo en sus acostumbradas pláticas de café: “claro, el Papa después de la regada que dio con aquello de la “mexicanización”, ahora trata de proteger al gobierno y acordó una entrevista a modo con la televisora oficial del estado mexicano para decir que toda la violencia que se vive en México no es culpa del gobierno sino del Diablo”.

Vaya apreciación tan simplista de las palabras del jefe de estado Vaticano. Claro que él (¿en mayúscula?) no pensó en proteger al gobierno de México, todo lo contrario, intentó proteger al mayor símbolo del mal aún vigente en el mundo.

¿Qué pasaría si se demostrara que existe alguien más peligroso y destructivo que el mismísimo Diablo? El mito se derrumbaría y la gente tendría que repensar su idea del mal.

Los males no pueden ser obra del gobierno.

Nadie puede ser más poderoso que el Diablo.

roberto.castelan.rueda@gmail.com