Cultura

Dice la abuela que lo que menos sirve más lata da. O más daño hace. Esta frase con su entrañable sabiduría podría lucir, con luces de colores chillantes para estar a tono con el espíritu de naquez que invade a nuestras “autoridades” culturales, en el frontispicio del inmueble que albergó durante muchos años a los militares.

Fíjese jefa que hay un edificio retebonito mero enfrente de la Prepa de Jalisco. Hey, dicen que está re padre, así, con patio y toda la cosa, una escalerota y rete hartos cuartos.

Ire, si nos vamos por prioridades, lo más urgente, usté sabe, pues sí hay chance de hacerle un buen estacionamiento techado para que meta su camionetota. Una vez resuelto eso, pos se trae toda la dirección administrativa, ya ve esos cuánto espacio ocupan: tienen un montón de archiveros que quién sabe qué tanto guarden, varias sillas con rueditas, ah, ellos requieren una cocinita, con su refri y su despachador de agua. Ya ve cómo tragan café y galletitas. Ah, también debe llevar su despensita, claro, para que cada quien guarde sus tortas y sus tacos.

Y hablando de administración, aquí entre nos jefa pos ¿estos qué administran? Proyectos de artistas, ya ve que desde hace mucho rato ya no se apoyan, actividades casi no tenemos, festivales o algo que valga la pena el gasto de tanta administración brillan por su ausencia.

Y no creo que para sus gastos personales se requiera tanto personal administrativo tan bien pagado y con tantísimo mobiliario ¿o sí? Oh, bueno, perdón, no es que la critique jefa, yo nomás decía.

No se ofenda, en lo personal yo sí creo que le sobra razón cuando decidió cambiarse de oficina. Razón y billetes, porque un gasto así nomás para cambiar de aires pues está cañón ¿no? Pero bueno, usté sabrá. Es su presupuesto y ustedes los jefes pueden usarlo como les dé su real y regalada gana. Además, qué son 18 millones de pesitos para estrenar oficina. Eso, no tiene precio.

Lo que sí es un gran detalle es proponer cambiarle el nombre al museo. Para qué hacernos tontos. No le iba nada bien el nombre de Museo de Arqueología. Total, si ya convertimos la cultura en pieza arqueológica, hay que llamarle Museo de Culturas Populares, como usted dice. El término abarca todo, lo viejo y lo nuevo. Lo que ya no existe y a lo que le dimos en la madre.

O ¿a poco sí le interesa la cultura popular, jefa?

¡Quién pompó!

roberto.castelan.rueda@gmail.com