C-e-r-t-i-f-i-c-a-d-o-s

Iren, antes que nada, déjenme presumirles. Aquí estamos en una de las mejores prisiones del mundo. Como podrán ver, tiene unos pasillos de última generación en donde cada pisada de los reos es detectada por novedosos ultrasensores capaces de advertir el mas mínimo cambio de peso.

La tecnología es la misma que se usó en la película en donde el héroe cuelga desde el techo para no ser detectado, pero una sola gota de sudor basta para detonar todas las alarmas. Y ni qué decir de nuestros sensores de temperatura, lo último de lo último, perfectamente calibrados para monitorear el calor  de cada una de las personas que transiten por esta prisión.

Para todos es sabido que cuando alguien está nervioso, varias funciones de su organismo se alteran: algunos, la mayoría, comienzan a sudar copiosamente, otros sufren alteraciones en su ritmo cardiaco, también hay quien comienza a pestañear disimuladamente y otros más comienzan a salivar. Pues bien, todos esos cambios del organismo humano, con perdón de ustedes, pero hasta las pequeñas y discretas flatulencias, son detectados por nuestros ultra modernos sistemas de monitoreo corporal.

Y ni qué decir del seguimiento personal al reo. Cada uno de ellos tiene una pulserita, como la que ponen en los hoteles de todo incluido en donde sirven las cervezas calientes, con un color determinado de acuerdo a su especialización: roja para los narcos, amarilla para los proxenetas, azul los violadores y así sucesivamente. A los reos de mayor peligrosidad les ponemos esas vistosas pulseritas también en los tobillos. No hemos descuidado nada.

Los custodios se lavan los dientes tres o cuatro veces al día para cumplir con los protocolos de derechos humanos que nos indican que el reo debe recibir el aliento fresco de los guardias cada vez que les transmitan una indicación.

Pero esto no es todo. Déjenme contarles lo mejor: cada una de estas maravillas que ustedes acaban de escuchar y que funcionan a la perfección en nuestra prisión de archi ultra plus seguridad, están: c-e-r-t-i-f-i-c-a-d-a-s, así como lo oyeron: todos los procesos que regulan a nuestros sistemas de seguridad están c-e-r-t-i-f-i-c-a-d-o-s.

Nos certificaron los gringos, los canadienses, los alemanes (expertos en prisiones), los holandeses, los franceses de acuerdo a las normas más estrictas de seguridad internacional. De acuerdo a esta rigurosa c-e-r-t-i-f-i-c-a-c-i-ó-n ningún preso se puede escapar de esta prisión. Es imposible.

¿Que por qué se escapó? ¿Por qué pregunta eso? ¿Duda de nuestra capacidad? ¿Quiere ver nuestras certificaciones?

Venga, pase, las tengo ahí, tras la bardita.

roberto.castelan.rueda@gmail.com