Aguanta

En qué habíamos quedado, compadre. Ahora sí me falló rete bien gacho. Yo ya me había embarcado con otro crédito hipotecario y mire con la que me sale. Y ora qué voy a hacer, si no sé hacer otra cosa. Y ya ve, lo que sé hacer lo hago mal. Nomás cagándola.

Además, usté me dijo que fácil nos la íbamos a aventar los seis años. Llévatela de muertito, me dijiste, que al cabo el ejército y los federales se van a encargar de todo, tú nomás no hagas muchos aspavientos y vas a ver que en seis años andamos en la grande.

En la grande, pinche compadre, nomás me vio la cara. Y yo creyéndomela. Jugando acá bien chido a madrearme a las policías municipales, a agarrar de mis puerquitos a los presidentes de todos esos pinches ranchos. Ni sabes cómo se ponían cuando agarraba el teléfono y les decía: ya te vimos güey, quieres hacer tus propios negocios sin su correspondiente impuesto. Nombre, nomás se oía cómo tragaban camote.

Hasta eso, fueron tiempos divertidos. Y sí, te debo reconocer que me cumpliste todo lo que te pedí. A veces me decías que eran caprichos míos, pero yo te convencía, no, cómo crees, te decía, es bien importante para la seguridad del estado y sus ciudadanos, y tú hacías como que me creías, ahí está, pues, me decías, al cabo nomás es sacarle un poco más de presupuesto a los bonachones del Congreso y ya la hicimos.

Sí estoy sentido, pero honor a quien honor merece, porque casi todas las cosas que te pedí eran bien pinche caras. Que un helicopterote, acá, bien equipado, que nunca usamos, ni nos sirvió para nada a la hora de la hora, pero tú bien buena onda, te hiciste de la vista gorda y hasta lo presumiste, como una pieza de gran tecnología para combatir a los delincuentes. Como si para atrapar carteristas hiciera falta un helicóptero, pero bueno.

Pero sí me hiciste buenos paros para armar mi monstruito: que modifica la constitución, sale. Quiero las cárceles, ahí van las cárceles. También los MP, ahí van los ministerios. También ciencias forenses, ahí está. Aplaca a los presidentes para que me cedan las policías, concedido. No, por eso no te reclamo nada compadre, pero sí se siente gacho que le hayas hecho caso a esa bola de envidiosos, egoístas, aliados de los malosos.

Aguanta, aguanta, me decías, vamos a salir bien de esta. Déjalo todo en mis manos.

Ya ni chingas.

roberto.castelan.rueda@gmail.com