Perdón, pero...

La ultraderecha existe

Hay momentos en los que, por no prepararse mínimamente y en medio de discursos improvisados, los actores políticos se desnudan ante la ciudadanía y muestran lo que son, sin tapujos ni rodeos. Fue el caso de la exposición fotográfica Expovida, donde ilustres senadores panistas manifestaron sus ultraderechistas posturas, a las cuales tienen derecho porque el partido y algunos electores los llevaron allí. Juan Carlos Romero Hicks tuvo que inaugurar, a nombre del senador José María Martínez, presidente de la Comisión de la Familia, quien, según el primero, “es el principal promotor y su equipo de colaboradores lo han venido apoyando”. Si el de Romero Hicks fue más cuidadoso, pues al manifestarse a favor del derecho a la vida se refirió a la necesidad de proteger a “los más pequeños miembros de la especie, los que aún no tienen voz, los que aún no han visto el mundo, aunque ya tengan ojos” (sin referirse a en qué semana sucede eso con el embrión fecundado), el del también senador panista Víctor Hermosillo, no tiene desperdicio y sería capaz de resucitar al propio Carlos Monsiváis.

Hermosillo dijo, para comenzar, que era “católico y católico practicante”, que siempre había defendido la fe católica y que pensaba “que uno debe tener un comportamiento toda la vida conforme a esos principios”. Lo que al senador panista se le olvida es que, en una República laica como la que tenemos en México, las creencias personales de los funcionarios públicos deben ser irrelevantes a la hora de tomar decisiones públicas, pues su labor es velar por el interés público y no imponer sus convicciones religiosas a quienes no las comparten. Doy un ejemplo muy simple: el mismo senador, señaló que ayuda a la organización Próvida en Mexicali y que allí ellos ponen un letrerito para ayudar a las que no saben qué hacer cuando están embarazadas y que logran a convencer a más de 90 por ciento de las que hablan para que no aborten. Muy bien, los felicito, pero la pregunta es la siguiente: ¿está entonces de acuerdo el senador con que las personas que no se molestaron en hablar o ese 10 por ciento que no fue convencido pueda tomar su decisión con libertad, incluida la de interrumpir su embarazo? ¿O le quiere imponer su verdad a todas las ciudadanas, incluidas las miles de católicas que, por múltiples razones, sí quieren abortar?

El espacio de quien esto escribe es limitado, aunque las barbaridades que puede decir el senador Hermosillo parecen infinitas. Nos seguiremos ocupando. Permítaseme por lo pronto nada más preguntar: ¿para eso crearon la Comisión de la Familia en el Senado?

roberto.blancarte@milenio.com