Perdón, pero...

Una no tan pequeña revolución

Siempre que hay una noticia de éstas, mi teléfono no deja de sonar con solicitudes de entrevistas de medios. Me extrañó mucho, por lo mismo, que en este caso, de consecuencias revolucionarias, no hablara nadie. Quizá los reporteros y periodistas no vieron la importancia del asunto, o tal vez entendieron que no es la tan esperada revolución en la Iglesia católica. El punto es que el papa Francisco, en una especie de entrevista de banqueta o su equivalente, es decir en medio de una audiencia, soltó una pequeña bomba, que podría significar nada o mucho. El contexto es importante: por un lado, la jerarquía católica recibe cada vez más presiones de las propias católicas para ingresar al sacerdocio. Su inclusión resolvería muchos problemas para la Iglesia, pues las estadísticas muestran que, sobre todo en los países desarrollados, hay una disminución de las vocaciones sacerdotales. Incluir a las mujeres permitiría quizá resolver o, por lo menos, aliviar el problema. De hecho, ya otras Iglesias cristianas, como la anglicana o la metodista, han abierto las puertas al sacerdocio femenino e incluso al episcopado de mujeres. Quienes más han presionado al respecto son las propias religiosas (miembros de congregaciones), las cuales forman parte de un numerosísimo ejército que hasta ahora ha aceptado humildemente desarrollar un papel secundario al de los hombres. Precisamente el contexto más específico de lo acontecido es que esta audiencia del papa tuvo lugar ante 900 superioras generales de la Unión Internacional que las reagrupa. Así que fue una de ellas la que le soltó la pregunta al papa de por qué no crear una comisión oficial para estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan ser diaconisas. Y el papa, cuestionado a bocajarro sobre el asunto, contestó: "En cuanto a crear una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión, creo que sí. Sería hacer el bien de la Iglesia y aclarar este punto. Estoy de acuerdo y hablaré para que se pueda realizar algo así, Acepto la propuesta".

El papa Francisco no es ni tonto ni desinformado. Sabe perfectamente lo que esta comisión va a encontrar: la primera carta de San Pablo a Timoteo, donde el apóstol, al referirse a las cualidades que debían tener los diáconos, señala: "La mujeres [diáconos] deben ser igualmente dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles, en todo." Y aunque el papa Francisco diga, con justa razón que "en los primeros siglos de la Iglesia... no se sabía realmente qué papel desarrollaban y sobre todo si habían sido ordenadas o no", en realidad le está abriendo la puerta, voluntaria o involuntariamente, a una revolución eclesial.

roberto.blancarte@milenio.com