Perdón, pero...

Las periferias emergentes

El viaje de esta semana del papa Francisco a Ecuador, Bolivia y Paraguay es una señal de sus preferencias pastorales. Pero sería simplista decir que el Pontífice romano prefiere a los países pobres que a los ricos. De hecho, en septiembre también visitará Estados Unidos de América y allí se dirigirá al Presidente y al Congreso de la nación más poderosa del planeta, además de ir a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York e inaugurar en Filadelfia el Encuentro Mundial de la Familia. No se trata entonces de viajar únicamente a los países que requieren una atención pastoral particular, sino de acudir a aquellos espacios que le permitan transmitir su mensaje y su visión del mundo. La reciente encíclica sobre el cambio climático es un buen ejemplo de ello, porque en el fondo está dirigida a los países desarrollados, en buena medida responsables de las transformaciones profundas del medio ambiente.

¿A qué va entonces el Papa a estos tres países? Habría que ver cuáles son sus características comunes. La primera de ellas es que se trata de países relativamente pobres, aunque con economías que podrían denominarse como “emergentes”, pues están creciendo a 4 o 5 por ciento anual. De hecho, el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina las ha denominado “periferias emergentes” porque, si bien comparten una serie de problemas, también parecen haber encontrado una vía para el crecimiento, sin necesariamente estar en la corriente principal del capitalismo neoliberal. Hay, por lo visto, una vía al desarrollo que no es la clásica y que se está intentando en esos países y que quizás le parece interesante a este Papa latinoamericano. Y un elemento central de este cambio es la creciente participación de la población indígena, misma que es numéricamente significativa en dichos países.

No es por lo tanto un viaje que podría definirse como misionero o evangelizador en el sentido clásico del término, sino más bien un encuentro con una vía alternativa de desarrollo que encaja perfectamente con la visión católica de la justicia social. La paradoja es que este encuentro se busca en momentos en los que las búsquedas culturales en estos países (sobre todo en Ecuador y Bolivia) se han reorientado hacia tradiciones de origen prehispánico, es decir, no necesariamente católicas. La reciente Constitución de Bolivia, por ejemplo, estableció el principio de separación entre el Estado y la Iglesia, pero al mismo tiempo Evo Morales ha reinventado ceremoniales supuestamente basados en rituales prehispánicos. Lo cual genera una confusión que este viaje papal seguramente alimentará.

roberto.blancarte@milenio.com