Perdón, pero...

El perdón bajo sospecha

Las indulgencias, hay que recordarlo, fueron uno de los principales motivos para la rebelión iniciada por Lutero, contra una Iglesia que vendía el perdón a cambio de dinero. De allí que el fraile agustino desarrollara una teología en la que la salvación debía venir únicamente de Dios y no de una institución. La gracia divina y el perdón no se podían comprar ni debería haber intermediarios entre el todopoderoso y la conciencia de los hombres. Desde entonces las indulgencias tienen mala fama, aunque siguen existiendo. La Iglesia católica ya no pide dinero a cambio del perdón, aunque sí ofrece la salvación a todos aquellos que cooperen para su misión. También vende muchas otras cosas. Las bendiciones papales, por ejemplo, se pueden adquirir en las tiendas que están frente al Vaticano y cuestan algunos cientos de euros, según el tamaño. En cualquier caso, desde hace siglos, el perdón está bajo sospecha. Así que, cuando se anunció que el papa había concedido una indulgencia a los Legionarios de Cristo, la reacción negativa fue inmediata. La primera razón de ello fue que la opinión pública no conocía el significado y alcance de dicha medida y asumió que implicaba el perdón de los crímenes de su fundador, Marcial Maciel. En segundo lugar, supuso que también se perdonaban todas las formas de ocultamiento, colaboración y encubrimiento de los actos de pederastia y abuso en todas sus formas, por parte de no pocos miembros de esa legión. En realidad, nunca fue muy claro en qué consistía dicha indulgencia, pero a pocos les gustó, pues hay la percepción de que ni siquiera las víctimas han sido debidamente compensadas. Ningún papa las ha querido recibir hasta ahora y había más bien la expectativa de que en su próxima visita a México finalmente Francisco lo hiciera, asumiendo y pagando así una ya vieja deuda. Pero luego está la paradoja del perdón, es decir que, si éste se concede de manera general, también se aplica indiscriminadamente. Y así, la indulgencia reciente a las mujeres que abortan, parecería extenderse a los pederastas y abusadores. El Vaticano y los propios legionarios lo niegan, pero lo cierto es que para la mayoría de la gente no todos los pecados ni todos los crímenes son iguales. Lo cual nos lleva a la pregunta: ¿la misericordia tiene límites? Si no es el caso, todo ello quiere decir que hasta los crímenes más abominables merecen el perdón. Francamente, no estoy seguro que, por más cristianos que sean, los mexicanos estén dispuestos a aceptar esa lógica. Sobre todo cuando tampoco parece haber habido castigo. El perdón, en suma, no se lleva con la impunidad.

roberto.blancarte@milenio.com