Perdón, pero...

El pensamiento radical

¿Qué es lo que lleva a un joven a la radicalización política o religiosa, entendida ésta como el uso de la violencia física para alcanzar sus objetivos? ¿Cuál es el factor que desencadena un compromiso de ese tipo que suele llevar a la muerte violenta? Los servicios de inteligencia y contraterroristas de todo el mundo y en particular del mundo occidental están con mucha razón alarmados porque ahora la mayor amenaza no viene directamente de afuera, del extranjero, de los países musulmanes, sino de adentro, de muchos jóvenes, hombres y mujeres, que se sienten atraídos por el grupo llamado Estado Islámico, viajan a la zona que éste controla, reciben adoctrinamiento militar y regresan a sus países en Occidente, para cometer actos terroristas. A veces son niñas de 15 o 16 años, incluso menores. ¿Por qué, puede uno preguntarse, una niña de 15 años querría abandonar la tranquilidad de su casa en Inglaterra, Francia o España para irse a meter a una zona de guerra en Siria e Irak? ¿Por qué, si aparentemente el mundo occidental le da la posibilidad de “liberarse”, prefiere convertirse en una de las cuatro mujeres de un combatiente islámico? ¿Qué los atrae a una vida que será evidentemente más difícil? ¿La búsqueda de identidad? ¿El rechazo a un mundo occidental que en el fondo las ha marginado? ¿Una educación conservadora, aunque no necesariamente religiosa? ¿O una apropiación de la religión como símbolo de rebeldía? No sería la primera vez, en cualquier caso, que esto sucede.

The New York Times publicó hace algunos días la historia de tres jovencitas de 15 y 16 años londinenses, originalmente de Bangladesh, que fueron atraídas mediante internet por el Estado Islámico. Todo tipo de explicaciones se ofrecen, desde la reducción de gasto gubernamental en cuestiones sociales, hasta ambientes familiares en transición, búsqueda de identidad, discursos islamistas que ensalzan los valores tradicionales y por supuesto su contraparte, la islamofobia. Lo más curioso es que en muchos de estos casos, las jovencitas no eran particularmente religiosas o devotas, pero por esas u otras razones comenzaron a volverse, como diríamos aquí, más papistas que el Papa. Al grado de regañar a sus papás por no seguir ciertas tradiciones o prácticas musulmanas.

Sabemos poco del pensamiento radical. Una de las cosas conocidas es que los jóvenes pueden fácilmente inclinarse por un comportamiento de rebeldía. Pero contrariamente a lo que a veces pensamos, no siempre la rebeldía y la radicalización son progresistas. En más de una ocasión el pensamiento radical se orienta hacia el conservadurismo.  


roberto.blancarte@milenio.com