Perdón, pero...

El “pes peje”

Estoy convencido de que no hay cálculo político o estratégico en la alianza de Morena con el PES; por el contrario, existe una identificación absoluta de López Obrador con las posiciones conservadoras de sus dirigentes y militantes. El virtual candidato de Morena a la Presidencia, al igual que los dirigentes del PES, cree que las posturas religiosas deben normar los comportamientos políticos y por lo tanto la definición de políticas públicas que establezcan los gobiernos que ellos presidan. Si no fuera el caso, es decir, si no se pretendiera legislar y normar la vida pública desde lo religioso, ¿qué sentido tendría anunciar que las creencias religiosas personales deben aparearse con la política?

El “pes peje” resintió, sin embargo, las críticas de la opinión pública, la cual se volcó abrumadoramente para reprobar dicha alianza, pero también sufrió las críticas internas en su propio movimiento. Su respuesta fue muy sintomática: por un lado, puso a votación a mano alzada su decisión. “A ver díganme ¿quién se opone a esta alianza?”. Y, por supuesto, nadie o casi nadie se atrevió a alzar la mano y cuestionar al dirigente. Asunto arreglado. El pueblo ha decidido. La alianza Morena-PES va. Por el otro, López Obrador se vio obligado a garantizar que se respetará la diversidad sexual, pero al mismo tiempo, también aprovechó para decir que Morena no es antirreligioso. Como si las religiones en México estuvieran amenazadas, cuando en realidad son los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales los que son denegados, a partir de convicciones religiosas. Pero el “pes peje” reproduce así el discurso de los dirigentes religiosos más conservadores (católicos o evangélicos), cuando señalan que la libertad religiosa no está garantizada. Y cuando exigen que no haya restricciones a la expresión política de los políticos-religiosos y los religiosos-políticos. Adiós al principio de separación y al Estado laico, el cual, por cierto, fue la única protección de los evangélicos cuando los católicos conservadores, que ahora son sus aliados, les negaban sus derechos.

Pero los evangélicos conservadores ya olvidaron todo eso y ahora están convencidos de que Dios y los políticos-religiosos deben imponer sus normas a toda la población. Y López Obrador está de acuerdo con ellos. Por lo cual, generosamente les está abriendo las puertas de la gestión pública. La cual utilizarán para limitar los derechos de quienes no piensan o viven como ellos.

roberto.blancarte@milenio.com