Perdón, pero...

Los 80 años del papa

El próximo sábado 17 de diciembre el papa Francisco cumple 80 años. En efecto, nació en Buenos Aires en 1936. Llega a una edad respetable, en la que todo puede suceder. Así como puede durar muchos años más, podría morir cualquier día, como producto de una enfermedad banal o complicación inesperada. No me cabe la menor duda de que más de alguno, si no se alegraría, tampoco se entristecería demasiado por su muerte. Entre los cardenales y obispos conservadores hay muchos escandalizados por las reformas que ha hecho o intentado hacer y que les parecen atentatorias contra las tradicionales enseñanzas de la Iglesia. Por eso mismo, el tema de la edad es inevitable. La posibilidad de que las reformas pretendidas por el papa puedan perdurar depende en buena medida de cuántos años más estará en el Trono de San Pedro. Sobre todo porque la mayoría de ellas son propuestas de corte más pastoral que doctrinal; tienen que ver más con una transformación de la actitud del clero, que con un cambio del magisterio eclesial. El propio pontífice ha insinuado además la posibilidad de renunciar al papado, si considera que ya no tiene la fuerza o lucidez necesaria para llevarlo adelante. Seguiría en esto a su predecesor Benedicto XVI, quien, como hemos visto, renunció a la edad de 85 años, después de que una caída y los escándalos en el Vaticano lo hicieron decidirse sobre el asunto.

El contexto actual es probablemente más complicado, porque ahora la oposición se ha hecho más evidente y los grupos más conservadores y reacios a las transformaciones doctrinales se resisten abiertamente incluso a los cambios pastorales. El papa ha tenido entonces que navegar con mucha habilidad política, para avanzar en lo que a él más le interesa, con los instrumentos de gobierno que él posee, pero sabedor de que en la Iglesia se puede gobernar por decreto, aunque la verdadera aceptación del rumbo y de los cambios pasa también por el camino de la negociación y del convencimiento del proyecto. Por lo demás, las reformas anunciadas hace más de dos años todavía no se concretan. Peor aún, todavía no se sabe en qué consisten. En todo caso, el papa sabe que para alcanzar estos cambios, tiene en contra al tiempo. A medida que éste avanza, él se debilita. Y, por lo mismo, muchos le están apostando al tiempo contra la fortaleza del papa y la perdurabilidad de las reformas. Veremos quién gana.

roberto.blancarte@milenio.com