Perdón, pero...

Los musulmanes no son terroristas

Aunque el “islamismo”, al que antes se le denominaba “Islam político” empuja ciertamente a una actitud de combate, eso no quiere decir que todos los radicales sean miembros de una agrupación terrorista, aunque sea el camino que los puede llevar a ello. Pero no todos dan ese paso. Tampoco significa que los musulmanes sean todos radicales por el hecho de tener esa religión. Si así fuera, el mundo sería invivible, pues hay más de mil millones de musulmanes en el planeta. La gran mayoría es gente pacífica y trabajadora que solo quiere vivir en paz, con su familia y sus vecinos. El problema es que el “islamismo” radical ha convertido a Occidente en su enemigo jurado y ha revivido el espíritu de la lucha contra las cruzadas. Y Occidente es Estados Unidos y Europa, pero también todos aquellos que desde fines del siglo XVIII se desarrollaron y adoptaron sus principios civilizaciones, su cultura, sus ideales y sus instituciones. El islamismo radical también combate a sus aliados, como pueden ser algunos países árabes o musulmanes que se han atrevido a tener buenas relaciones con Occidente e incluso a adoptar algunas de sus instituciones, como por ejemplo códigos civiles secularizados, alejados de la Shari’a o ley islámica.

Lo cual nos lleva a la necesidad de aclarar otro malentendido: no todos los musulmanes son árabes, ni todos los árabes son musulmanes. Hay árabes cristianos en Egipto o en Palestina o en Líbano. Los árabes, de hecho, son una minoría en el mundo islámico. El país con más musulmanes en el mundo es Indonesia, seguido por India, Pakistán y Bangladesh. Hay otros países importantes con alta población musulmana que tampoco son árabes, como Irán, Turquía, Nigeria o Afganistán. El país árabe con más musulmanes es Egipto. De allí su importancia estratégica para Occidente, al igual que Arabia Saudita.

Ahora bien, el problema para los musulmanes comunes es que los atentados de Al Qaeda o cualquiera de los grupos terroristas que han surgido, solo generan islamofobia y hacen más difícil la de por sí compleja relación de esas poblaciones con una cultura cristiana, pero secularizada, que divide lo político de lo religioso y que garantiza por lo tanto los mismos derechos a las mujeres, a los homosexuales y otras categorías de personas, condenadas por las religiones patriarcales a ser ciudadanos de segunda o a no existir. El enorme riesgo es que los jóvenes musulmanes, asentados en sus países o en Occidente, caigan en las redes del islamismo radical y luego del terrorismo, provocando lo que querían combatir: la marginación del Islam y de la población musulmana.

roberto.blancarte@milenio.com