Perdón, pero...

La paja en el ojo ajeno

Vivimos en un tiempo de indignaciones. Todo mundo se queja de todo, pero casi nadie se observa en el espejo ni mucho menos ve la viga clavada en su propio ser. “Hipócrita”, le dice el mismo Jesús de Nazaret a su discípulo: “Sácate primero la viga del ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Y así estamos en México, donde nos quejamos de la corrupción, pero la mayoría es (o somos) parte de ella. Me canso de oír a los empresarios que ya no soportan la corrupción del gobierno, pero que a la primera oportunidad son parte de ella, forzados por el sistema que los obliga a dar un porcentaje para obtener contratos. Estoy agotado de escuchar a políticos que hablan de justicia, de igualdad y quizá hasta con alguna sinceridad, pero que en el fondo solo están preocupados por sus intereses personales. A cínicos que hablan del pueblo y condenan la corrupción, pero que manejan cantidades millonarias en efectivo y de origen dudoso, fuera del radar de los impuestos. A intelectuales que juzgan con soberbia al gobierno y a la sociedad, pero que, en cuanto pueden, se aprovechan de sus magros privilegios institucionales. A dirigentes religiosos que pontifican desde una moralidad que ellos ni siquiera practican. Para todos es fácil ver la paja en el ojo ajeno y la hipocresía se ha enseñoreado de nuestras vidas.

Así, con motivo de la 103 Asamblea Ordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, éste llamó a las autoridades a combatir la corrupción e instaron a la sociedad a ser más participativa para exigir transparencia. Se requiere también, dijeron los obispos católicos, “de actores políticos que vayan más allá de sus intereses individuales, de grupo o de partido, y tengan un corazón grande, visión amplia y bolsillo pequeño”. Excelente crítica y recomendación. El problema es que no todos los obispos parecen seguirla ellos mismos; los intereses individuales y de grupo siguen existiendo. No muestran un corazón grande, cuando gracias a ellos hay mujeres pudriéndose en la cárcel, por haber abortado. Tampoco parecen tener una visión muy amplia y, ciertamente, los bolsillos de muchos de ellos no son pequeños ni su modo de vida es ejemplar. A lo mejor Fox tenía razón, en más de un sentido, cuando dijo que la Iglesia era como el PRI. Por eso, en este mundo de indignados, prefiero recordar otro pasaje de Jesús: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?”.

roberto.blancarte@milenio.com