Perdón, pero...

Hay lecciones de las elecciones

Y creo que muchas. La primera es que ningún partido puede pretender la representación de todos los mexicanos. El PRI, por ejemplo, que todavía obtuvo la mayor parte de las preferencias, no debería festejar los resultados, porque 70 de cada 100 votantes no quiso votar ya por el partido en el poder. La dispersión de votos es tal que la constatación mayor que podemos hacer es la de un mosaico de posiciones que requerirá un gran esfuerzo para generar cualquier cambio legislativo y político. Tendremos que acostumbrarnos a algo que a los mexicanos no nos gusta: ponernos de acuerdo.

La segunda lección es que, evidentemente, hay un buen sector de los mexicanos que ya está harto de las prácticas partidistas, pero sobre todo de los gobiernos corruptos. Que los partidos más pequeños y los de reciente participación en la contienda electoral hayan tenido 40 por ciento de la votación muestra que los electores están en la búsqueda de nuevas opciones o nuevas caras, aunque algunas, en el fondo, no sean tan nuevas, pues algunos independientes y líderes carismáticos son más bien viejos políticos reformateados.

La tercera lección, ligada con lo anterior, es que los candidatos cuentan. La gente ya no tiene necesariamente la filiación o fidelidad partidista para votar en bloque. Los partidos no pueden candidatear a cualquier desconocido. La imagen pública es y será cada vez más importante. Lo cual quiere decir también que los medios electrónicos y las redes sociales desempeñarán un papel central en la generación de perfiles políticos deseables y candidaturas viables. Los mensajes, sin embargo, ya no podrán ser unívocos, como no lo son los emisores.

La cuarta es que los partidos pequeños no podrán ganar por sí solos, lo cual les deja dos opciones; aliarse o ser testimoniales. En ese sentido, el problema de la izquierda no es nuevo; ya estaba dividida desde hace años. Lo único que esta campaña mostró es la verdadera fuerza de cada uno y el tamaño de su enemistad, en virtud de que compiten por el mismo electorado. El liderazgo de algunos, que solo admiten sometimientos, no ayudará a construir una coalición de izquierda.

La quinta lección es que el mensaje es ciertamente importante, pero muchos electores son maleables, por lo que el vehículo puede ser engañoso. Las soluciones simplonas y las cancioncitas pegajosas tienen su impacto entre algunos. Las campañas, por lo tanto, deben ser más sofisticadas, focalizadas e inteligentes, para dirigirse a una masa de votantes que, ya vimos, es sumamente plural y diversa. La lucha por convencer, en ese sentido, debe ser permanente.

roberto.blancarte@milenio.com