Perdón, pero...

La izquierda ya estaba dividida

Para que la izquierda esté unida se requiere que haya líderes dispuestos a ceder en su ego y protagonismo, por no decir en sus visiones políticas específicas. Como sucedió en 1982, cuando los dirigentes del Partido Comunista aceptaron fusionarse en una organización mayor llamada Partido Socialista Unificado de México (PSUM), o en 1988, cuando el ingeniero Heberto Castillo aceptó integrarse al Frente Democrático Nacional, encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. La creación del PRD fue un subproducto de esas conformaciones políticas y se entendía que era un compuesto de muchas posiciones y tendencias ideológicas y políticas. Nadie podía pretender en su sano juicio que esa organización era un todo unificado; había ex comunistas, ex pemetistas, ex socialistas, pero sobre todo ex priistas. Muchos que se le unieron después serían inicialmente sus acérrimos enemigos, como Manuel Bartlett, quien fue protagonista de la caída del sistema en 1988; Manuel Camacho Solís, quien operó el repunte del PRI en las elecciones de 1991 y permaneció en dicho partido hasta 1994, cuando el dedazo no lo favoreció, y su pupilo Marcelo Ebrard, quien lo acompañó a todos lados desde las juventudes priistas. Todos ellos tuvieron algo en común: fueron apadrinados para entrar al PRD, formal o informalmente, por Andrés Manuel López Obrador.

El movimiento de integración de la izquierda se terminó en el momento en que Andrés Manuel López Obrador asumió el liderazgo del PRD. A partir de allí, comenzó la desintegración de la izquierda. El problema central fue y sigue siendo el sectarismo, la prepotencia y la soberbia. Un ejemplo: en las elecciones de 2006, la candidata del Partido Social Demócrata (PSD) trató de acercarse a AMLO, entonces candidato a la Presidencia, para negociar su eventual declinación y apoyo. López Obrador ni siquiera la recibió. Al final, el PSD obtuvo 2.7 por ciento de la votación y AMLO perdió por menos de 0.4 por ciento. En suma, la soberbia y el sectarismo de López Obrador significó la derrota de la izquierda en México. Para 2012, nuevamente los dirigentes del PRD lo apoyaron hasta el final. Luego de usarlos, AMLO se fue a crear su propio partido, obviamente criticando y a expensas del PRD. O sea que, además de todo, desagradecido.

En resumen, López Obrador es la causa principal de que la izquierda esté dividida y de que, por lo mismo, no tenga mayores triunfos electorales. Para avanzar en una nueva construcción de la izquierda, el PRD y otros partidos tendrían que olvidarse de él y dejarlo en el sectarismo y la marginación política en la que él mismo se ha recluido.

roberto.blancarte@milenio.com