Perdón, pero...

Los independientes

Hay de independientes a independientes. La categoría es utilizada esencialmente para aquellos que compiten o quieren competir por fuera del sistema establecido de partidos. No siempre se puede. Depende del sistema jurídico-político establecido. En lo personal, me parece sano que existan, pero creo que los votantes deberíamos tener claro que no constituyen necesariamente ni la panacea ni la mejor salida a la partidocracia imperante. Los ejemplos abundan, por lo que vale la pena detenernos para examinar las experiencias recientes.

El término independiente es muy relativo, porque la liga de los candidatos que así se denominan con los partidos políticos no es absolutamente inexistente, como tampoco vinculante. Pero hay muchas cosas en medio. En general, hay dos tipos de políticos o candidatos independientes: los que nunca han participado en el sistema de partidos y se manifiestan ajenos a esa tradición política y los que han formado parte de uno o varios partidos y se terminan alejando relativamente de ellos para presentarse como contestatarios y renovadores, pero cultivando una relación muy ambigua con el sistema de partidos. En el primer caso están, por ejemplo, muchos de los políticos que, ante la descomposición del sistema de partidos de principios de la década de los años 90 del siglo pasado, crearon nuevos partidos y alternativas políticas que todavía continúan y han creado una nueva tradición, no más prístina que las anteriores. Pensemos en Forza Italia o la Lega Nord per la Independenza de la Padania. Del segundo tipo de políticos que se llaman independientes tenemos en México mucho más casos. El más conocido es Vicente Fox, quien después de coquetear con el PRI, desencantado, se acercó al PAN. Pero en realidad Fox es un político que usó dicho partido para sus propios fines políticos y después quiso desecharlo. De allí que no apoyara la candidatura de Felipe Calderón, quien en realidad fue el primer presidente panista. Lo mismo sucede a muchos otros políticos, que se han cansado de migrar de un partido a otro, en la búsqueda de posiciones políticas ventajosas, sin que realmente haya un proyecto político definido. Esa es la característica principal de este tipo de políticos.

La característica que une y los hace posible a todos ellos es el hartazgo que tiene la sociedad de la partidocracia tradicional. El problema es que ese cansancio y creciente rechazo no siempre desemboca en gobiernos eficientes y de cambio. Para muestra, el botón del foxismo. Porque en un sistema como el nuestro, los independientes se acercan demasiado a los caudillos personalistas y clientelares.

roberto.blancarte@milenio.com