Perdón, pero...

Dos horas sin presidente

Su asistencia a la Basílica como católico, no como mandatario, genera confusión entre función pública y creencia religiosa.

No es la primera vez que un presidente surgido de las filas del PRI o de sus antecesores va a misa o se declara católico. Pero sí es la primera ocasión en la que un presidente priista acude durante su mandato a una ceremonia religiosa pública.

Por la mañana, en Palacio Nacional, el Presidente dijo, frente a todo su gabinete, que el de México, es "un pueblo generoso, hospitalario, orgullosamente guadalupano". Con lo cual borró de un plumazo a los 20 millones de mexicanos que no son ni católicos ni guadalupanos.

Porque el cuento de que todos los mexicanos, hasta los ateos, son guadalupanos, se lo puede creer el papa y quienes se lo contaron, pero la realidad es otra y el presidente Peña Nieto lo sabe o lo debería saber.

Luego, en la tarde, asiste, a título personal, a una misa en la Basílica de Guadalupe, oficiada por el papa. En principio, no debería de haber problema, porque eso es lo que siempre se les ha pedido a los funcionarios: que distingan función pública de creencias personales. Y, sin embargo, el asunto no se resuelve con una declaración.

El problema reside en que la privacidad de los actos del Presidente solo son creíbles en cierto contexto. El presidente Ávila Camacho dijo públicamente que era creyente y que lo católico le venía "por origen, por sentimiento moral". Pero nunca se le vio en una misa pública.

En su rancho se celebró la boda de una de sus hijas, pero todo mundo entendió que el asunto era, en efecto, privado. El presidente Fox iba a misa a una iglesia cercana a su rancho los domingos. Nunca nadie le dijo nada, porque era evidente que era un acto privado.

Así que la asistencia del Presidente a la misa ofrecida por el papa en la Basílica de Guadalupe, no en su carácter oficial como tal (porque sería violar las leyes de nuestro país), sino como Enrique Peña Nieto, acompañado de su esposa, se pretende hacer entender como una afirmación de que sus creencias personales tienen el derecho de ser expresadas, aunque haya el riesgo de confusión entre función pública y creencias religiosas.

Para esto, se pide que las cámaras no lo enfoquen demasiado, pero hubo por lo menos cuatro ocasiones en que se le vio en primera fila. Y los comentaristas de la televisión señalaban que allí estaba "el Presidente", no Enrique Peña Nieto. Lo cual muestra que la privacidad del evento no existía.

La misa ofrecida por el papa, transmitida a millones de personas, contó con la presencia del Presidente para la mayor parte de la gente. Solo yo insistía ante las cámaras que no era el Presidente, sino que era Enrique Peña Nieto. ¿Fue entonces el Presidente quien asistió? ¿O será que nos quedamos sin él durante esas dos horas? 


*roberto.blancarte@milenio.com