Perdón, pero...

El talón de Aquiles del episcopado

El episcopado católico no está contento, como era de esperarse, luego del anuncio del presidente Peña Nieto acerca de la iniciativa para eliminar diversas formas de discriminación en nuestro país, con consecuencias directas para el matrimonio entre personas del mismo sexo. Nadie va a obligar a la Iglesia católica o a cualquier otra, a modificar sus doctrinas respecto al matrimonio o a cambiar sus reglas y prácticas internas. Por lo tanto, no tendrían de qué quejarse. Pero como "hasta lo que no comen les hace daño", quieren imponer su particular visión del matrimonio al conjunto de la sociedad, sean o no católicos o creyentes, o siendo católicos, compartan o no su particular visión del mundo. En lugar de concentrarse en convencer a sus propios feligreses de las bondades de su postura, durante décadas han impuesto su ley a toda la población, con la complicidad de políticos y funcionarios públicos. Es decir, han hecho su política desde arriba y no desde abajo. Es a lo que están acostumbrados y así han impuesto a la población sus doctrinas. La jerarquía católica ha preferido siempre estar dentro del Estado, más que fuera de él. Por eso le cuesta tanto trabajo integrar realmente la idea de separación de esferas de acción. Si en algún momento ha sido expulsada del Estado, ha sido contra su voluntad e intereses. Como se siente poseedora de la verdad, le interesa menos el convencer a sus feligreses, que establecerla mediante presiones o pactos con el poder público. Por eso, cuando las circunstancias cambian y pierden el favor de éste, no tienen realmente instrumentos para revertir la situación.

Lo anterior es muy claro por la escasa capacidad de movilización social que tiene el episcopado católico mexicano. Si se comparan situaciones similares, por ejemplo, con la de la Francia laica, hace unos años, donde se movilizaron millones de personas contra leyes similares (aunque al final también se aprobaron), puede verse la nula capacidad de la jerarquía para movilizar contingentes de opositores. Allí donde se ha eliminado la discriminación, aprobando el matrimonio homosexual, muy pocas personas han salido a protestar. Las razones de esto son ciertamente complejas. Van desde la escasa tradición de un catolicismo socialmente organizado, hasta la indiferencia política generalizada, pasando por factores como la secularización social o el laicismo arraigado en la población. Pero el verdadero talón de Aquiles del episcopado es su cercanía y dependencia del poder político, así como su incapacidad de asumirse como una instancia separada y autónoma del mismo.

roberto.blancarte@milenio.com