Perdón, pero...

Los enemigos de Occidente

Están tanto afuera como adentro. Para muestra un botón. El cardenal de Guinea, Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede, acaba de unirse a aquellos que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo, desde la lógica de que la postura oficial de la Iglesia es que el matrimonio puede tener lugar únicamente entre un hombre y una mujer, unidos de por vida y con el fin de procrear. Debilitarlo permitiendo cualquier tipo de acomodo o arreglo (que es lo que querría este Papa), es equivalente —según él— a organizar “una confrontación y una rebelión contra Dios, una batalla organizada contra el Cristo y su Iglesia”. Todo el mal provendría de las sociedades secularizadas que han estado ejerciendo presión sobre esta postura doctrinal.

En suma, que contrariamente a lo que el Estado Islámico nos ha acostumbrado, los enemigos de Occidente y su secularización no solo están en el exterior del Occidente geográfico, sino adentro del mismo. Porque en realidad Occidente es más que una noción geográfica. Son las instituciones y valores que se han construido a lo largo de muchos siglos y que están en la base de los derechos humanos.

La gran paradoja es que nosotros llegamos a la secularización de nuestra sociedad gracias a la racionalización de la religión misma. El pastor protestante Harvey Cox, en su ya clásico libro The Secular City, reiteraba ya hace medio siglo, de manera sucinta, en un capítulo titulado “Las fuentes bíblicas de la secularización”, lo expresado por el sociólogo Max Weber, al definir algunas de las características esenciales de la cultura occidental, ligando así al judeo-cristianismo con el propio proceso de secularización. Decía: “El surgimiento de las ciencias naturales, de las instituciones políticas democráticas y del pluralismo cultural, —todos desarrollos asociados con la cultura occidental— pueden difícilmente ser entendidos sin el ímpetu original de la Biblia”. Según Cox, la secularización, entendida como la liberación de la tutela del control religioso y de las visiones del mundo metafísicamente estrechas, sería un proceso positivo, empujado por un triple proceso: 1) el desencantamiento de la naturaleza que comienza con la Creación; 2) la desacralización de la política que inicia con el Éxodo, y; 3) la desconsagración de valores que tiene su origen en el Pacto del Sinaí, particularmente con la prohibición de los ídolos.

Que ahora algunos líderes religiosos se opongan al desarrollo de este proceso da para reflexionar en estos días de lo que algunos insisten en llamar Semana Santa.

 

roberto.blancarte@milenio.com