Perdón, pero...

Las tres cosas que no cambian estas elecciones

Lo que se ha dicho y hecho hasta ahora en la campaña electoral norteamericana ha descubierto muchos problemas de Estados Unidos, pero sobre todo una crisis de identidad del país, que va más allá de estas elecciones. Porque lo que en el fondo se está jugando ahora es un problema relacionado con la idea de quienes son los estadunidenses, como se identifican y que papel desempeñan en el mundo. Por eso, decir que hoy por la noche se decidirá el destino de Estados Unidos y en buena medida del planeta es una verdad, pero relativa. El problema es que ni la decisión empieza o se termina allí ni las consecuencias son de corto plazo. Y no me refiero únicamente a quién estará al frente del gobierno y con el control del arsenal nuclear ni a quien puede hacer descarrilar una nación entera con medidas políticas o económicas inadecuadas, o a establecer políticas que impactarán la vida de las personas en el mundo entero.

Es evidente que hay por lo menos tres cosas que no van a cambiar de aquí en adelante, sin importar quién gane las elecciones de hoy: 1) Estados Unidos se tendrá que asumir, a partir de ahora, como un país que no solo es étnicamente diverso, sino que ya no será dirigido por los hombres blancos. Si la elección de Obama mostró algo en esta dirección, es que el papel de las minorías es ahora creciente. Quienes decidirán la elección son las minorías que antes estaban políticamente relegadas (negros, mujeres y latinos, principalmente). 2) Es claro que la religión cívica de Estados Unidos (que surge de un ethos protestante) tendrá que incorporar de manera más clara a las religiones no cristianas y otras formas de creer, las cuales estaban en el fondo también relegadas. Si las elecciones de 1960 permitieron ampliar y consolidar esa idea de religión cívica, con la llegada de un presidente católico (Kennedy) ahora los norteamericanos deberán integrar en ella a musulmanes y otras religiones asiáticas (hinduismo, budismo, etcétera). Y 3) Estados Unidos tendrá que asumir que es mucho más interdependiente que antes. Si ahora China, Europa o México tienen un problema, eso repercutirá también en la vida de los estadunidenses. Estamos tan interconectados que nadie puede pretender aislarse. Estas realidades inevitables son realmente contra lo que Trump está luchando. Mañana veremos el futuro.

roberto.blancarte@milenio.com