Perdón, pero...

Trump y Francisco: política pura

Se saben distantes y distintos, con versiones muy diferentes del mundo y de lo que debería ser. Uno quiere construir muros, mientras que el otro quiere construir puentes. Es de hecho el poseedor del título como mayor constructor de puentes en el mundo, entre la tierra y el cielo, entre los hombres y los dioses: Pontifex Maximus. Título que heredaron del emperador romano los sucesores de Pedro. Ambos se necesitan o saben, por lo menos, que no pueden ignorarse. Muchas cosas están en juego y la clave son los católicos de Estados Unidos, que representan 22 por ciento de la población, con más de 70 millones de feligreses. A muchos se les olvida, pero Estados Unidos es el cuarto país con más católicos en el mundo solo después de Brasil, México y Filipinas. Pero la Iglesia católica en Estados Unidos es no solo la más importante en su país, sino la más rica del planeta aportándole a la santa sede dinero y recursos humanos muy valiosos. Trump sabe que la palabra del papa puede influir en la opinión de estos millones de católicos en su propio país. Pero, a su vez, Francisco sabe que los católicos están divididos étnica, social y políticamente en Norteamérica, como de hecho, en el resto del mundo. En las pasadas elecciones presidenciales, los católicos votaron mayoritariamente (52 por ciento) en favor de Trump, mientras que Hillary obtuvo solo 45 por ciento de su voto. La diferencia fue mayor entre los católicos blancos, pues Trump obtuvo 60 por ciento de los votos, mientras que Hillary recibió únicamente 37 por ciento. Aunque las cosas se invierten en el caso de los católicos hispanos o latinos, pues en ese caso la señora Clinton obtuvo 67 por ciento de los votos, mientras que Trump recogió solamente 26 por ciento.

Es de todos conocido que el papa se refirió en plena campaña a las ideas antiinmigrantes y en favor de muros, señalando que alguien que pensaba así no era cristiano. Hay quién, por otra parte, ha señalado a círculos conservadores estadunidenses cercanos a Trump, como instigadores de los recientes ataques contra el papa en Roma. Es claro, en cualquier caso, que estos personajes no se quieren y representan la antítesis de vida y visiones del mundo, no solo en materia de migración o cambio climático. Es la riqueza contra la pobreza (como ideales), la ostentación contra la austeridad y la soberbia contra la humildad. Aunque las formas y los protocolos no lo harán evidente.

roberto.blancarte@milenio.com