Perdón, pero...

“La cosa es de terror”

Nada como una Iglesia del lado de la sociedad civil y no del poder político. Cuando los obispos mexicanos firman una carta titulada “¡Alto a los corruptos!”, quiere decir que algo de esa conocida cercanía que solía tener el Episcopado católico con el poder priista se rompió. El actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, José Francisco Cardenal Robles Ortega, como les gusta a ellos nombrarse (así con el título cardenalicio en medio) no tiene los mismos compromisos ni tejió las mismas alianzas que su antecesor en dicho cargo, el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar. De hecho, desde que el primero asumió el cargo su postura ha sido más crítica y no ha dejado de manifestarla, incluso ante el propio Peña Nieto, quien después de su encuentro en la Asamblea Plenaria con los obispos católicos fue al Vaticano para dar explicaciones y proporcionar una mejor imagen del gobierno mexicano ante la Santa Sede. Misma que, como ya nos enteramos, no es muy buena. Pues si el Papa habla de los peligros de “la mexicanización”, quiere decir que su visión del país no es ciertamente muy positiva y podría incluso explicar por qué hasta ahora no ha aceptado venir. La fuente de la visión del Papa está ya identificada: son los propios obispos mexicanos que en su pasada visita ad límina se dedicaron a describir con objetividad lo que estaba pasando en el país. Como dijo el Papa en una carta hecha pública: “Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”.

No es que lo dicho por los obispos sea totalmente nuevo. Lo que llama la atención es la nueva distancia frente al poder constituido, cuando hablan del grave mal de la corrupción, “que favorece la impunidad y el enriquecimiento ilícito, la falta de confianza con respecto a las instituciones políticas, sobre todo en la administración de la justicia y en la inversión pública, no siempre clara, igual y eficaz para todos”.

Los obispos apoyan “un Sistema Nacional Anticorrupción, conformado por organismos autónomos que, gozando de independencia, profesionalismo, confiabilidad, facultades y recursos, incluyan en su rango de acción a todos los órganos del Estado”. Y de paso piden una revisión del “fuero”, del “juicio político” y la aplicación de todo el peso de la ley. En clara alusión a recientes escándalos también señalan: “Y quienes ostentamos alguna forma de autoridad, debemos ser los primeros en contribuir con el ejemplo”, además de que “la gravedad del problema exige soluciones de fondo e inmediatas y no ‘maquillajes’ que ya no engañan a nadie y solo exacerban los ánimos”.

roberto.blancarte@milenio.com