Perdón, pero...

¿Cuáles valores?

Ante la tragedia ocurrida en el Colegio Americano del Noreste, surgen, como es lógico, múltiples explicaciones de por qué sucedió y por qué nadie se dio cuenta de lo que iba a pasar. Las explicaciones que se adelantan van desde los problemas psicológicos personales y los familiares hasta una cosa indefinida identificada como “falta de valores”, sin que se diga explícitamente de qué se está hablando. Si uno visita la página del colegio señalado, puede uno ver que no había ausencia de estos. Se afirma que éste “brinda una educación bilingüe constructivista y basada en valores” y luego se reitera que dicho colegio es una institución “comprometida a contribuir en la formación de niños y jóvenes con un elevado nivel de preparación mediante una formación cimentada en valores; destacándose por su alto sentido de responsabilidad, solidaridad y respeto”. En suma, que por lo menos en cuanto a sus principios enunciados no es la ausencia de valores en la institución escolar lo que explica el trágico suceso. Hay también una clara referencia a qué tipo de valores se hace referencia: responsabilidad, solidaridad y respeto. Uno puede presumir también que si la familia colocó allí a su hijo es porque creía y compartía ese tipo de valores. De otra manera, lo hubiera colocado en otra escuela.

Señalo lo anterior por dos cuestiones. La primera es que algunas personas con ideas conservadoras, generalmente religiosas, suelen hablar de valores, como si los suyos fuesen los únicos posibles y necesarios para la sociedad. Se olvidan de que hay otros valores tan importantes como los suyos y que se requieren para vivir en sociedad: la tolerancia, la no-discriminación, el respeto a la diversidad, la solidaridad, la capacidad crítica, o la defensa de las libertades, para dar solo algunos ejemplos. La segunda es que las “soluciones” que se le quieren dar a un problema todavía no esclarecido de violencia pasan por medidas “disciplinarias” o de “vigilancia”, en lugar de privilegiar la comunicación y la enseñanza de valores indispensables para la vida en común, en una sociedad que se reconoce crecientemente plural y diversa. La respuesta del gobernador de Nuevo León, por ejemplo, es un medelo del absurdo: a los chicos con problemas hay que disciplinarlos en escuelas militarizadas. ¿Aprenderán allí a manejar mejor las armas? ¿No sería mejor fortalecer nuestras clases de civismo, de educación en el respeto a los demás?

roberto.blancarte@milenio.com