Perdón, pero...

Podemos ser mejores

La victoria de Donald Trump constituye una gran oportunidad para México, siempre y cuando no repitamos los errores que los estadunidenses están cometiendo. Si allá el conservadurismo amenaza con cerrar el paso a las libertades, aquí no tenemos que seguir ese ejemplo. Si allá se vuelven o se manifiestan más intolerantes, aquí debemos mostrar que nuestra cultura tiene mucho que enseñar respecto a la solidaridad y al respeto a los diferentes. Si en Estados Unidos le quieren cerrar el paso a libertades constituidas, como el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, aquí deberíamos avanzar en ese punto. Si allá los derechos de las minorías están amenazados, en México deberíamos reforzar las garantías de todos aquellos que, por cuestiones innatas o por opción, tienen formas de vida diversas a las de la mayoría.

Sin embargo, no parece ser éste el caso. El mismo día en que nos desgarrábamos las vestiduras por el triunfo de Donald Trump, los diputados priistas de la comisión respectiva en la Cámara de Diputados en México desecharon la iniciativa presidencial en materia de matrimonios igualitarios. ¿Con qué autoridad moral, me pregunto, podemos vociferar contra el conservadurismo, el racismo, la misoginia y la intolerancia de Trump si aquí no somos capaces de avanzar en algo que ya la Suprema Corte de Justicia decidió y que en ese sentido es inevitable?

Desde el día de la elección he visto muchas iniciativas difundidas a través de los medios o las redes sociales acerca de lo que deberíamos hacer respecto a lo que se viene: desde defender a nuestros connacionales hasta dejar de comprar productos estadunidenses. Habrá que ver, sin embargo si, por pegarle a uno, no terminamos pegándole al de adentro. Por ejemplo, si dejamos de ver películas de Hollywood, probablemente estaremos afectando a una industria que es menos hostil a los mexicanos y también afectaremos a los distribuidores mexicanos. La cosa no es simple. Pero lo que sí me queda claro es que no es la primera vez que Estados Unidos nos da la espalda. Lo hicieron forzados durante la Segunda Guerra Mundial y eso nos permitió tener la década de oro del cine mexicano, así como la industrialización creciente del país bajo el modelo de sustitución de importaciones. Dejemos, pues, que los estadunidenses tomen sus propias decisiones y tomemos nosotros las nuestras. ¿Está preparado nuestro gobierno? ¿Lo estamos nosotros, para ser mejores?

roberto.blancarte@milenio.com