Perdón, pero...

Cristianismo, alcohol y mariguana

Siempre me ha llamado la atención el puritanismo de algunas Iglesias respecto al uso del alcohol y, de manera paralela, de algunas drogas. Sobre todo porque se les olvida el primero de los milagros de Jesucristo, que fue convertir el agua en vino. Y no fue poco. El pasaje evangélico vale la pena ser recordado, porque nos pone en un contexto festivo del Mesías e involucra incluso a la virgen María como promotora de la continuación de la fiesta. El relato bíblico es muy revelador: resulta que "María, la madre de Jesús, fue a una boda en un pueblo llamado Caná, en la región de Galilea. Jesús y sus discípulos también habían sido invitados. Durante la fiesta de bodas se acabó el vino. Entonces María le dijo a Jesús: Ya no tienen vino. Jesús le respondió: Madre, ese no es asunto nuestro. Aún no ha llegado el momento de que yo les diga quién soy. Entonces María les dijo a los sirvientes: 'Hagan todo lo que Jesús les diga'. Allí había seis grandes tinajas para agua, de las que usan los judíos en sus ceremonias religiosas. En cada tinaja cabían unos cien litros. Jesús les dijo a los sirvientes: 'Llenen de agua esas tinajas'. Los sirvientes llenaron las tinajas hasta el borde. Luego Jesús les dijo: 'Ahora, saquen un poco y llévenselo al encargado de la fiesta, para que lo pruebe'. Así lo hicieron. El encargado de la fiesta probó el agua que había sido convertida en vino, y se sorprendió, porque no sabía de dónde había salido ese vino. Pero los sirvientes sí lo sabían. Enseguida el encargado de la fiesta llamó al novio y le dijo: 'Siempre se sirve primero el mejor vino, y luego, cuando ya los invitados han bebido bastante, se sirve el vino corriente. Tú, en cambio, has dejado el mejor vino para el final'. Jesús hizo esta primera señal en Caná de Galilea. Así empezó a mostrar el gran poder que tenía, y sus discípulos creyeron en él".

En suma, Jesucristo convirtió 600 litros de agua en 600 litros de vino. Medido en botellas de 750 mililitros, eran 800 botellas. El Evangelio no nos dice cuántos invitados había en la boda, pero ciertamente la cantidad debió haber servido para que ésta continuara por mucho más tiempo y eso que "ya los invitados habían bebido bastante". El propio Jesús no quería todavía hacer milagros, pero fue la virgen la que insistió, lo cual quiere decir que María no quería que se acabara la fiesta. Además el vino, como corresponde, debe haber sabido a gloria, pues tenía origen divino.

Ante todo eso, me extraña la actitud del episcopado católico contra el consumo de alcohol y de otros enervantes, como la mariguana. Habrá que recordarles que incluso la virgen María era menos puritana que eso.

roberto.blancarte@milenio.com