Perdón, pero...

Aunque el Papa es simpático

Lo cierto es que Bergoglio se equivoca en su visión de México. Ello es hasta cierto punto inevitable, por su particular estilo de gobernar y sobre todo de expresarse, diciendo abiertamente lo que piensa, lo cual lo ha metido en más de un problema. A Francisco le gusta expresar sus puntos de vista y eso significa que no siempre han pasado por el filtro de la corrección política o de la verificación informativa. Así que en la extraordinaria entrevista que Valentina Alazraki le hizo para Televisa y que Joaquín López-Dóriga transmitió en su noticiario, al Papa se le fueron varias frases cuestionables y otras de plano equivocadas. Y no me refiero a la curiosa manera de pronunciar la “mecsicanización” de Argentina, como si fuera gringo, sino al hecho de asumir que todos los mexicanos somos guadalupanos. Dijo: “Usted va a encontrar a mexicanos católicos, no católicos, ateos, pero todos guadalupanos”. Lo cual, como los mexicanos sabemos (con la excepción de Felipe Calderón y algún otro despistado), es completamente falso. A estas alturas hay más de 20 millones de mexicanos que no son católicos y tampoco son guadalupanos. Decir que lo son o lo siguen siendo es una falta de respeto para sus creencias. Hay en nuestro país 60 mil judíos, alrededor de 10 millones de evangélicos y protestantes, un millón de testigos de Jehová y mormones, varios millones de agnósticos y ateos, budistas, musulmanes y miembros de otras religiones orientales o nuevos movimientos religiosos. Aunque no dudo que haya alguno entre ellos que sea guadalupano por razones identitarias o particulares, lo cierto es que la enorme mayoría de estas personas no son devotos de la Virgen. Pretender que todos lo son, es querer tapar el sol con un dedo y negar la enorme y creciente pluralidad religiosa de los mexicanos.

Luego, decir que “el diablo le pasó la boleta histórica a México”, ligándolo a una frase anterior en la que se refería a la persecución religiosa, creadora de mártires y al hecho de que el diablo nos castiga “con mucha bronca [o sea, enojo] por el culto a la Virgen” es realmente ignorar la historia y de alguna manera suponer que lo que nos está pasando es por ser muy guadalupanos, lo cual, como acabo de decir, no corresponde con nuestra pluralidad religiosa. En otras palabras, si todo fuera culpa del diablo y nos estuviera castigando, precisamente por ser guadalupanos, pues alguien le tiene que avisar que nos debería aflojar el castigo, pues ya somos un 20 por ciento menos guadalupanos. Además, ¿quiere decir eso que si renunciamos completamente a ser guadalupanos, el diablo nos va a dejar en paz?

roberto.blancarte@milenio.com