Perdón, pero...

El Papa no interferirá en política, pero…

El nuncio apostólico en México, que es un embajador acreditado ante nuestro gobierno, sabe que él mismo no debe interferir en la política interna del país. Con mayor razón, sabe que tampoco el Papa puede venir a México a hablar de política. Por eso dice, con justa razón, que el Papa no viene a México a interferir en política, ni a juzgar. Y, sin embargo, todo, absolutamente todo lo que diga el Papa, tiene que ver con la política. Ciertamente, no con la política partidista o electoral. Tampoco con aquella directamente relacionada con el diseño de políticas públicas o gubernamentales específicas. Pero sí hablará y hará política en su sentido más amplio, es decir en el de la reflexión acerca de los problemas que como humanidad y sociedad enfrentamos cotidianamente y en la necesidad de resolverlos desde una cierta perspectiva, en este caso la que proviene de la Santa Sede y la curia romana. No hago referencia a la "perspectiva católica" porque en realidad hay tantas visiones del mundo como católicos en la tierra. Pero el Papa viene a traer la suya, la cual está más o menos alineada con lo que la burocracia del Vaticano propone. Esa es la política que sí viene a hacer el Papa. No nos engañemos.

Dos ejemplos: cuando el Papa habló ante el Congreso de Estados Unidos y se refirió a la bíblica frase: "trata a tu prójimo como quieres que te traten a ti" estaba haciendo referencia a la política migratoria de Estados Unidos. Por lo tanto, estaba incidiendo o tratando de incidir en una política pública muy específica. Cuando Juan Pablo II hablaba sobre el derecho a la vida, estaba tratando de incidir en las políticas de población de los gobiernos. Así que el papa Francisco definitivamente va a hablar de política. Porque su viaje no está destinado únicamente a sus fieles, que lo recibirán en ceremonias religiosas. También hablará ante funcionarios públicos, ante el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país y dirigirá su mensaje a toda la sociedad mexicana y mundial, en la medida que él se sabe televisado y seguido por cientos de medios de comunicación. Sabe que si dice una palabra a favor de los indígenas, su mensaje será escuchado aunque no necesariamente atendido. Sabe que si se refiere a la trata de personas, podrá quizás influir en la elaboración de leyes para prevenirla. Sabe que si se inclina ante la tumba de don Samuel Ruiz, su gesto servirá de sostén a un sector específico de la Iglesia y de los sectores sociales que lo apoyan. Por eso los discursos del Papa, pero también sus silencios, son cruciales. Así que seamos conscientes: el Papa no viene a hablar únicamente del más allá.

roberto.blancarte@milenio.com