Perdón, pero...

El Papa dice lo que piensa


Y eso es bueno y malo. Bueno, porque uno realmente se puede dar cuenta de lo que pasa por la cabeza del Sumo Pontífice de la Iglesia católica, más allá de discursos y homilías. Malo, porque luego el Papa se tiene que andar desdiciendo y ya no sabemos ni cuál es la postura de la Santa Sede respecto a muchos temas. Las “entrevistas de banqueta” suelen ser más espontáneas. Pero espontaneidad no es necesariamente veracidad o apego a una línea de pensamiento. Suelen decirse cosas contradictorias, pero que, una vez lanzadas al aire, ya nadie las detiene y así cada quien entiende lo que quiere entender. Le pasó al papa Francisco a propósito de la homosexualidad. Lo que dijo en un avión acerca de que quién era él para juzgar a los homosexuales, era más bien parte de una actitud defensiva respecto a una acusación sobre el nombramiento de un personaje en el banco del Vaticano. Lo que dijo sobre que le tiraría un puñetazo a cualquiera que ofendiera a su madre también le salió del alma y se entiende en el contexto de lo que la gente muy religiosa piensa acerca de los que ofenden a sus símbolos sagrados. No lo pensó dos veces, pero eso coincide perfectamente con la postura internacional de la Santa Sede, que se ha aliado con las peores tiranías de Estados islámicos para combatir (como en las conferencias de Cairo y Beijing) los derechos sexuales y reproductivos.

En vuelo hacia Roma, el Papa dijo que la palabra clave era paternidad responsable: “Algunos creen —disculpen la expresión— que para ser un buen católico tenemos que ser como conejos. No. Paternidad responsable”. Lo cual parece muy sensato, pues en otras palabras está diciendo a los católicos: no se trata de tener todos los hijos que Dios les dé: ustedes decidan. Claro, el problema es cómo lograrlo y por eso algunos acusaron al Papa de abrirle la puerta a los anticonceptivos “no naturales”. En cualquier caso, es un ejemplo más de que el Papa apoya la idea de no interpretar la Biblia literalmente, pues eso de “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”, en nuestros tiempos de sobrepoblación y abuso de nuestros recursos naturales, tiene que ser leído con mucho cuidado.

Un ejemplo con una anécdota que me contó don Víctor Urquidi: Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores en 1968 habría visitado al entonces papa Paulo VI, quien acababa de condenar los anticonceptivos en su encíclica Humanae Vitae y le repitió la frase bíblica a su interlocutor. A lo que el funcionario mexicano le habría contestado: “Sí, su santidad, Dios dijo creced y multiplicaos, pero no dijo a qué tasa”.

roberto.blancarte@milenio.com