Perdón, pero...

Muerte en el Vaticano

El caso de quien fue nuncio (es decir Embajador) de la Santa Sede ante República Dominicana, encontrado muerto hace unos días en su domicilio en el Vaticano, muestra claramente las dificultades que tiene la Iglesia católica para hacer justicia y perseguir a sus pederastas. El prelado polaco Josef Wesolowski, de 67 años, estaba enfrentando un juicio con arresto domiciliario dentro del Vaticano, porque al parecer solía tener relaciones con niños de entre 13 y 15 años y en su computadora le encontraron grandes cantidades de pornografía infantil y no pocas pruebas de sus crímenes. Pero no fue juzgado, como debería haber sido el caso, en la isla caribeña, donde cometió sus crímenes, porque tenía inmunidad diplomática y la Santa Sede lo llamó al Vaticano para que rindiera cuentas. Tampoco pudo ser juzgado en Polonia, país de donde es originario, porque Wesolowski evitó la extradición, apelando a su ciudadanía vaticana. En efecto, gracias a los acuerdos de Letrán de 1929 mediante los cuales el gobierno de Mussolini concedió soberanía a la Santa Sede en las 44 hectáreas del Vaticano, esta institución tiene el derecho de conceder la ciudadanía vaticana a un buen número de personas. Y de ser la única Iglesia en el mundo que puede por ello evitar que se enjuicie a uno de sus jerarcas en otras partes del mundo.

No es que la Santa Sede quisiera evitar el castigo, pero lo cierto es que dentro del Vaticano no acostumbran encarcelar a mucha gente, todavía menos a altos dignatarios como el nuncio, con rango de arzobispo. Así que mientras se le hacía el juicio, Wesolowski estaba bajo arresto domiciliario y se le permitía deambular por el pequeño territorio pontificio. Pero aquí se puede observar la doble vertiente de la Santa Sede, en tanto sujeto de derecho internacional que es a la vez cabeza de una Iglesia y de un Estado (el de la Ciudad del Vaticano). Primero fue la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora de la Inquisición y el Santo Oficio, la que juzgó en 2013 al ya ex nuncio, despojándolo de su estado clerical (lo que a muchos no les parecerá gran castigo). Pero luego le tocó el turno a los tribunales civiles del Estado de la Ciudad del Vaticano. Wesolowski había apelado la sentencia y faltado a su juicio, argumentando problemas de salud. Hace unos días, fue encontrado muerto y según el primer reporte médico, del cual no habría por qué dudar, falleció por causas naturales mientras veía la televisión. ¿Justicia divina? ¿O simplemente azar? Lo que es cierto es que la Santa Sede tiene hoy, por esta circunstancia, un problema menos. Aunque la sombra de la pederastia siga presente.


roberto.blancarte@milenio.com