Perdón, pero...

Mal inicio de campaña

El recién estrenado a escala nacional Partido Encuentro Social (PES) comenzó mal su campaña, lo que muestra las dificultades que ahora tendrán todos los partidos, sobre todo los de reciente registro, para controlar lo que sus propios candidatos van a expresar públicamente y en consecuencia la imagen que proyectarán sobre la opción política que proponen. En suma, el aspirante a gobernador de San Luis Potosí señaló a la homosexualidad, el aborto y al embarazo de mujeres solteras como “situaciones que rompen con la familia”, además de equipararlos a problemas que deben atenderse como la inseguridad, la violencia o el narcotráfico. Lo cual obviamente provocó una enorme reacción social. Más allá del enorme resbalón mediático, político y electoral que acaba de tener el joven (ahora ex) candidato a gobernador, el incidente nos empuja a varias interrogantes. La primera es sobre la calidad de los procesos de selección de los partidos. Es obvio que los nuevos partidos tendrán todavía más problemas que los ya establecidos en escoger a candidatos que tengan perfiles determinados. Como pueden salir buenos, pueden dar sorpresas como la señalada. La segunda se relaciona con la todavía más preocupante ideología del joven candidato involucrado. ¿Es representativa de un partido, por lo demás, señalado por estar conformado por la membresía de algunas iglesias evangélicas? El PES, hay que decirlo, actuó rápidamente para deslindarse del candidato. Cuando el vocero nacional del mismo informó la destitución de su candidato a gobernador, sostuvo: “No hay coincidencia con lo que declaró el candidato, y por eso estamos nosotros tomando este camino”. En efecto, precisamente por los señalamientos que los posicionaban como partido confesional, el PES ha declarado ser un partido que está a favor del Estado laico. Así que el deslinde es congruente con dicha afirmación.

Falta sin embargo saber de dónde salió el candidato y cómo llegó allí. Porque el problema no es nada más lo que dijo el fallido político, sino que probablemente reproduce lo que muchos piensan en San Luis Potosí y en México; una forma de concebir el mundo no solo conservadora (que por supuesto se vale), sino ignorante (lo que no se vale en un candidato a gobernador). Porque no es lo mismo señalar desde un templo a la homosexualidad o a las madres solteras como un mal de la sociedad (lo cual no tiene por qué ser compartido, en virtud de que las Iglesias son asociaciones voluntarias), con pretender hacerlo desde una oficina pública, a cuyas políticas todos estamos expuestos.

roberto.blancarte@milenio.com