Perdón, pero...

Ganarse el cielo

El pasado domingo el niño mexicano José Sánchez del Río fue elevado a los altares de la Iglesia católica. Suena muy bien, pero me pregunto: ¿qué clase de ejemplo nos ofrece dicha Iglesia? Porque, aclarémoslo, los beatos y santos son sobre todo modelos de vida, pero también modelos de muerte. No cabe duda que el niño fue un mártir, puesto que fue salvajemente torturado y ejecutado sin mayor miramiento. Pero me pregunto sinceramente si es ese un modelo que la santa sede quiere seguir promoviendo. ¿Nos parece bien que un niño tome las armas o se involucre de cualquier manera en un conflicto bélico, aunque sea por sus convicciones religiosas? ¿Estamos de acuerdo en que un niño ofrezca su vida porque, según su hagiografía, habría convencido a su mamá de incorporarse a la guerra, con el argumento de que “nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora”? ¿Cómo podríamos condenar entonces a aquellos niños o jóvenes que se estallan en un centro comercial al grito de Allah oh akbar (Dios es el más grande)? ¿Nos parece bien que los niños hagan la guerra para alcanzar el cielo?

Desde una cierta perspectiva, todo parece muy bonito, sobre todo si se trata de mostrar cómo se debe de luchar contra un gobierno que perseguía a la fe. Pero, visto más de cerca y en el contexto actual, me parece un terreno muy pantanoso. Las Naciones Unidas han estado luchando contra la incorporación de niños en las guerrillas y ejércitos en el mundo. Muchos son incorporados por la fuerza, pero no escasean los ejemplos donde son convencidos ideológicamente de que mediante una guerra santa derrotarán al Gran Satán o ganarán el paraíso. La santa sede forma parte de la subcomisión para la infancia de la ONU: ¿no hay allí una enorme contradicción, al promover por un lado la condena a la incorporación de niños a la guerra y, por el otro, presentar a este niño como un modelo de vida?

No son, por lo demás, las instituciones religiosas las únicas que promueven el suicidio infantil. Ya nos hemos referido en más de una ocasión a cómo algunos gobiernos seculares hacen lo mismo con la historia patria (véase los Niños Héroes). Pero uno esperaría más de una Iglesia y un pontificado que se dicen sensibles a estas problemáticas. La verdad es que ningún niño debería de ser empujado a ofrecer su vida por un ideal religioso o ideológico cualquiera. El suicidio heroico o el martirio no deberían ser valores que nuestra sociedad empuje.

roberto.blancarte@milenio.com