Perdón, pero...

Discriminados discriminadores

Hay pocas cosas peores que ver a personas o instituciones que han sido discriminadas y que siguen siendo discriminadas, convertidas en discriminadoras. Ese es el triste espectáculo que nos ofrecen algunas Iglesias evangélicas, con motivo de la iniciativa del presidente Peña Nieto para eliminar diversas formas de discriminación. Con muy poca memoria y menos espíritu de tolerancia, de respeto a los diversos, algunos dirigentes evangélicos anunciaron que se opondrán a dicha iniciativa. Ya se les olvidó que ellos mismos durante mucho tiempo (y todavía hasta hace poco) fueron tratados como ciudadanos de segunda e incluso ahora son discriminados; sus instituciones eran llamadas "sectas" y no "Iglesias", sus hermanos feligreses eran llamados peyorativamente "aleluyas". Todavía hoy es frecuente observar cómo los "cristianos" o evangélicos son discriminados en sus gestiones o peticiones, en muchas instancias oficiales y aún más en las no oficiales, en medio de una sociedad que culturalmente todavía se asume como católica.

Y estas Iglesias evangélicas, en lugar de convertirse en las primeras defensoras de una sociedad más respetuosa de la diversidad y de las minorías, se convierten en discriminados discriminadores. En lugar de luchar por los derechos de todos, aunque no compartan sus decisiones de vida, su condición existencial o sus preferencias sexuales, decidieron que van a luchar por una sociedad que siga discriminando. Poco han aprendido de lo sufrido en carne propia.

Lo peor del caso es que, en su argumentación, estos dirigentes evangélicos (que ciertamente no son todos, ni representan al conjunto de Iglesias evangélicas) ignoran lo más elemental de la defensa de sus propios derechos como minoría: dicen que la iniciativa presidencial va contra el sentir de la mayoría y de la identidad nacional. O sea que, siguiendo esa lógica, estarían de acuerdo en que la mayoría católica les cercenara sus derechos por ser minoría religiosa. Y ahora hablan de identidad nacional, como si ésta fuese única, cuando todavía hoy hay muchos que la ligan únicamente con el catolicismo o el guadalupanismo. Lo más lamentable es que ahora este sector de los evangélicos se alía con las posturas más conservadoras dentro de la Iglesia católica, posturas que ya han sido superadas por la mayor parte de los católicos, quienes han evolucionado hacia posiciones más democráticas, tolerantes y respetuosas de una sociedad diversa. Estos evangélicos se están convirtiendo entonces en la peor caricatura social posible: personas e instituciones discriminadas que a la primera oportunidad se vuelven discriminadores.

roberto.blancarte@milenio.com