Perdón, pero...

Compasión y farisaísmo

Para sorpresa de muchos, el papa Francisco señaló la semana pasada, hablando sobre la familia, que “hay casos en que la separación es inevitable, a veces inclusive moralmente necesaria, para sustraer a los hijos de la violencia, la explotación, la indiferencia y el extrañamiento”. Lo cual lleva al Pontífice a adoptar una posición más comprensiva hacia aquellas personas que debido a este tipo de circunstancias se separaron de su pareja y luego permanecieron solas o se unieron a otras personas, pero siguen siendo miembros de la Iglesia. Hay quienes, desde una postura farisaica (los que dicen que el hombre es para la ley y no la ley para el hombre), quieren aplicarles a estos fieles todo el rigor de la doctrina e impedir que comulguen en y con la Iglesia. La comunión es importante, porque es lo que sacramental y simbólicamente une al feligrés con sus congéneres. Así que no permitírselas es dejarlos fuera de la Iglesia. Este Papa dice, por el contrario, que la Iglesia tiene que ser más compasiva y aceptar no solo a aquellas personas que se han separado de sus parejas matrimoniales, sino también a los que viven en unión libre o de hecho, a los separados, divorciados no vueltos a casar, a los divorciados vueltos a casar, a las familias monoparentales, así como “a los hombres y mujeres con tendencias homosexuales”.

Hay, sin embargo, muchos obispos en la Iglesia católica que se oponen a cualquier apertura en este campo. Se imaginan que permitir la comunión de todas estas personas va a erosionar el concepto de matrimonio y de familia que tiene la jerarquía. Si se normaliza que los católicos puedan separarse, divorciarse y volverse a casar, asumiendo que eso no los excluye de la Iglesia, la puerta está abierta para otros cambios, dicen con cierta razón. De todas maneras, en el propio documento de trabajo preparatorio del próximo Sínodo, que tendrá lugar del 5 al 19 de octubre, se establece que “No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”. No es extraño, por lo tanto, que el episcopado mexicano haya criticado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación por haber ésta reiterado la igualdad de derechos entre los mexicanos.

Volviendo a Roma, nada está decidido y se avecina una enorme discusión acerca de todos estos temas, tanto en el Encuentro Mundial de la Familia, que inaugurará el Papa y se llevará a cabo en Filadelfia del 22 al 27 de septiembre, así como en el Sínodo mencionado, unas semanas después. La más pura política vaticana.

roberto.blancarte@milenio.com