El uso de lo público y lo privado

La distinción público-privado solo funciona cuando les conviene. Si quieren mostrar su moralidad pública, entonces la distinción entre la postura personal y la función pública no existe.

El tema de las virtudes públicas y los vicios privados no es nuevo. Es tan antiguo como lo es la pretensión de algunas personas de constituirse en referentes morales, éticos, para el resto de la población que los sigue y los respalda por virtudes que salen de la norma, de lo común, pero que constituyen un ejemplo, un ideal a seguir.

Lo que le pasó a los parlamentarios del PAN no es nuevo: el mundo está lleno de personas que han sido atrapadas con las manos en la masa (en este caso, masa corporal, por lo que se puede ver en los videos). Y lo reprobable de la acción puede ir desde una acción criminal (pensemos en Marcial Maciel), hasta la hipocresía por una doble moral (pensemos en los congresistas republicanos de Estados Unidos que criticaban la homosexualidad para luego ser descubiertos como tales en circunstancias penosas). Por eso, hacer un juicio sobre ellos, sin caer en la mojigatería, requiere entender las razones de la condena popular, además de las responsabilidades legales que se desprendan.

La primera razón del escándalo tiene que ver con el posible manejo de recursos públicos para fines privados. En este punto, me parece que las respuestas y datos aportados son insuficientes. ¿Quién pagó los tres mil dólares de la renta de la casa en la que tuvo lugar la fiesta organizada? ¿Quién contrató a las chicas del table dance? ¿Quién invitó a los legisladores panistas? El diputado Luis Alberto Villarreal dice que a él lo invitaron a una carne asada. Y niega el uso de recurso públicos para tal fiesta. Me parece que los periodistas mexicanos se han conformado demasiado rápido con la explicación. Creo que hay mucho por investigar y el verdadero crimen sería el haber tomado dinero de nuestros impuestos para gastarlo de esa manera.

Después está el tema de la moral pública. Es bien conocido que el PAN dice defender valores morales, los cuales suelen ser identificados con los de la moral cristiana y el conservadurismo político. Ejemplo reciente de ello fue el posicionamiento ideológico de quien preside la recién creada comisión para la familia en el Senado. Luego entonces no es de extrañar que la gente reaccione airadamente ante un escándalo en el que esas personas aparentemente tan morales hacen cosas en privado que no admitirían (y hasta condenarían) en lo público.

Lo crucial del caso es que esos diputados se contradicen en su manejo de la distinción público-privado. Por un lado rechazan el uso de dinero público para esta fiesta (lo cual, me parece, tendría que ser investigado más a fondo). Y, por el otro, señalan que, por ser una fiesta privada y algo que les concierne a ellos y a sus familias en el ámbito privado, no tiene por qué ser de interés público. La contradicción reside, sin embargo, en que la mayor parte de los panistas, en el momento de plantear sus posturas políticas, se refieren a una visión integral del ser humano, en la que los valores personales son los que según ellos deben guiar su acción pública. Así, por ejemplo, como se asumen católicos antiaborto, se oponen en sus puestos públicos al aborto. Como se oponen personalmente, desde sus convicciones religiosas, a los derechos de los homosexuales, también los combaten desde sus puestos públicos desde donde, en teoría, deben defender los derechos de todos. Y así en muchos otros temas.

En otras palabras, para ellos, la distinción público-privado solo funciona cuando les conviene. Si quieren mostrar su moralidad pública, entonces la distinción entre la postura personal y la función pública no existe. Pero si los atrapan actuando inmoral o incorrectamente, entonces sí se vuelven liberales y distinguen lo público de lo privado. No es entonces un problema que concierne únicamente a unos cuantos que fueron señalados por su incongruencia. Tiene que ver con una práctica política que rechaza, cuando así le conviene, una distinción vital para la democracia. Y a la que recurre solo cuando son evidentes las incongruencias morales privadas respecto a una moral pública que se quiere imponer al conjunto de la población. Por eso, el problema incumbe a los panistas, mochos o liberales, pero también al resto de los políticos.

roberto.blancarte@milenio.com